September 19, 2014
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La familia, ‘mediación’ para comprender el ‘ser’ y el ‘quehacer’ de la Iglesia

Jan 24, 2014 0

 

Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica postsinodal Familiaris consortio (22 Nov. 1981) afirmaba: “en el designio de Dios Creador y Redentor la familia descubre no sólo su ‘identidad’, lo que ‘es’, sino también ‘su misión’, lo que puede y debe ‘hacer’” (17). De aquí el slogan “familia, sé lo que eres”. Este slogan lleva implícita la motivación que el Apóstol Pablo empleaba frecuentemente en sus cartas, el ‘indicativo vinculante’: en otro tiempo fuísteis tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor. Vivid como hijos de la luz (Efes 5,8). No ha sido corriente encontrar este tipo de lenguaje del ‘indicativo vinculante’, porque la pedagogía tradicional fue más amiga de usar el ‘imperativo’ que exigía, muchas veces, una obediencia ciega. Reflexionar sobre el ‘ser’ y el ‘quehacer de la familia es una forma válida para comprender la ‘mediación’ de la familia en orden a entender el ‘ser’ y el ‘quehacer’ de la Iglesia como ‘sacramento de salvación’ (Cf. LG 1). La filosofía tradicional había acuñado aquel principio latino ‘agere sequitur esse’ que, en alguna forma, equivale al ‘indicativo vinculante’. El énfasis dado a la persona humana en la teología del postconcilio (Cf. GS 3) más que a la ley, el acento puesto en la responsabilidad personal más que en la obediencia automática, explican porqué se deja de lado el ‘imperativo’, para asumir el ‘indicativo vinculante’. Hoy se inculca una respuesta coherente con la conciencia del ser. En la presente coyuntura histórica, para comprender el ‘quehacer’ y la responsabilidad de la iglesia se deberá comenzar por comprender la ‘identidad’ y la ‘misión’ de la familia. Juan Pablo II afirma a este respecto: “el cometido, que ella por vocación de Dios está llamada a desempeñar en la historia, brota de su mismo ser y representa su desarrollo dinámico y existencial” (FC 17). Dar a conocer el ‘indicativo vinculante’ de la familia dentro del plan de Dios es un desafío para la iglesia en el momento presente, cuando el secularismo, la postmodernidad, eclipsan las raíces de la vocación trascendente de la pareja-familia. El ‘indicativo vinculante’ de la familia como ‘mediación’ para entender el ‘ser’ y el ‘quehacer’ de la iglesia será expuesto en dos tiempos: 1. la ‘mediación’ de la familia como ‘iglesia doméstica’ en vista a descubrir la vocación de la ‘nueva comunidad’, es decir de la iglesia como ‘icono’ de la Trinidad, y 2. la conciencia del ‘nosotros’ conyugal y familiar como presupuesto para que la paareja-famiia sea de verdad una ‘mediación’. Sin pretender hacer una exégesis rigurosa de los textos sinópticos (Mt 12,46-50, Mc 3,20-35, Luc 8,19-22)1, la presente reflexión se propone ofrecer un comentario breve y sencillo. Que la pareja-familia sea un ‘icono’ de la Trinidad y ‘sacramento’ de salvación es un tema bastante estudiado por parte de los teólogos2. En la literatura que circula en nuestro medio ambiente parece que es menos frecuente encontrar este tópico de la ‘mediación’. Se quiere hacer referencia a la capacidad que posee la pareja-familia para intuir en el proyecto creacional de Dios (Gn 2,18-24 y Gn 1,26-29) la ‘nueva comunidad’, fruto de la acción recreadora del Resucitado. Esta ‘mediación’ aparece clara en la intención de Jesús de Nazareth según el relato de los sinópticos a propósito del encuentro con los parientes. La narración del encuentro de Jesús con sus parientes puede ser descrita en tres momentos: 1. “María y sus hermanos, que están fuera, quieren hablarle” (Mt), “han venido a encontrarlo, pero a causa de la multitud no lo logran” (Mc), “han venido a encontrarlo pero no pueden acercarse a Él” (Lc). 2. Los tres evangelistas sinópticos coinciden en afirmar que alguien informó a Jesús acerca de la presencia de los suyos: “tu madre y tus hermanos quieren hablarte” (Mt), “tu madre y tus hermanos te buscan”, (Mc), “tu madre y tus hermanos desean verte” (Lc). 3. El tercer momento relata la reacción de Jesús ante los suyos. Mateo y Marco coinciden en dejar constancia de la pregunta de Jesús: “quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Sin esperar respuesta alguna, contesta mirando a los discípulos que lo rodean: “éstos son mi madre y mis hermanos, los que hacen la voluntad de mi Padre que está en el cielo”.

En relación con este tercer momento, es oportuno recordar el relato lucano del encuentro de Jesús niño aún con sus padres en el templo de Jerusalén: “porqué me buscabais? No sabeis que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?” (Lc 2,49). Jesús revelaba ya entonces un paretensco superior (con el Padre) y, sin embargo, añade el evangelista, “bajó con ellos y vino a Nazareth y vivió sujeto a ellos” (Lc 2,51). J. Gnilka, comentando el Evangelio de Mateo, subraya el paso que hace Jesús del significado de los parientes carnales a un parentesco espiritual; este paso se obra en virtud de la acogida que se da a la ‘voluntad del Padre’: para Jesús, enteramente orientado al Padre, quien concuerda con Él en esta actitud se convierte en pariente suyo (madre, hermano, hermana)3. Schürmann, a propósito del Evangelio de Lucas, destaca que el evangelista ha puesto de presente sobretodo ‘oir la Palabra de Dios y practicarla’. Esta palabra llega al hombre mediante la predicación de Jesús, lo cual se realiza en la comunidad de quienes escuchan esta Palabra y la cumplen; este escuchar la Palabra y vivirla es el fundamento de la comunión con Jesús, es la base del nuevo parentesco; así se revela la capacidad de la Palabra de Dios para constituir una nueva familia, la iglesia4. El relato de Marcos, el más extenso en relación con los textos paralelos, revela un cierto aire de polémica: los parientes de Jesús quieren alejarlo de la empresa que ha asumido, porque creen que “está fuera de sí”. Pesch interpreta el trozo (Mc 3,22-30) sobre las calumnias de los fariseos contra Jesús, como una explicación de la reacción de sus parientes. El autor pone en relieve el contraste entre los versículos 21 y 31: “fueron a hacerse cargo de Él porque creían que estaba fuera de sí” y “vienen su madre y sus hermanos a verle”5. Es éste un versículo controvertido, a juicio de O. Tini que reporta las interpretaciones de varios exegetas6. La pregunta de Jesús -“quién es mi madre, quiénes son mis hermanos…?”- quiere relievar el puesto a dar a la ‘verdadera familia de Jesús’; será una familia que tendrá, como criterio para basar el parentesco, la opción por la voluntad de Dios. La comunidad, reunida en torno a Jesús –el Maestro- constituye la ‘nueva familia’ que escucha la Palabra y sigue la vía que indica Jesús7.

Enzo Bianchi, comentado la perícopa de Marco explica el porqué de la diferencia entre éste y la narración de Mateoy de Lucas: éstos consideran un poco fuerte la narración hecha por Marcos, y por esta razón quieren mitigar la hostilidad que refleja el Evangelio de Marcos en relación con los familiares8. Mirando de cerca la actitud de Jesús en relación con su familia carnal, habría la tentación de hablar de ‘ruptura’ con ella. No es así. Mejor sería pensar en una ‘analogía’ que alude a semejanza, desemejanza y a superioridad9. La semejanza se opera a través de los términos ‘padre’, ‘madre’, ‘hijo’, ‘hermanos, que hallamos en la familia carnal y que encontramos también en la estructura de la ‘nueva comunidad’, la iglesia. El documento de Puebla alude a esta analogía: “cuatro relaciones fundamentales de la persona humana encuentran su pleno desarrollo en la vida de la familia: paternidad, filiación, hermandad y nupcialidad. Estas mismas relaciones componen la vida de la iglesia: experiencia de Dios como Padre, experiencia de Cristo como hermano, experiencia de hijos en, con y por el Hijo, experiencia de Cristo como esposo de la iglesia” (583). La analogía da pie para establecer la ‘mediación’ entre la familia carnal y la ‘nueva comunidad’. Esta función ‘mediadora’ de la familia carnal para acceder a la ‘nueva comunidad’ se puede fundar en varios elementos; analizaremos solamente dos: el amor y la dimensión comunitaria. Es en la riqueza del amor donde se generan estas cuatro relaciones fundamentales, a que se aludió un poco atrás. Históricamente, se había abonado un tipo de relaciones dentro de la pareja-familia fundadas en el contrato matrimonial del cual se hacia derivar un conjunto de derechos-deberes; era la estructura tradicional del matrimonio y de la familia que se ha conocido. La iglesia primitiva, como herencia del derecho romano, conoció el llamado ‘código familiar’10. La Carta a los Efesios es un testimonio del modo como el cristianismo cambió la vieja estructura pagana de derechos-deberes por la nueva fundamentación en el amor: “maridos, amen a sus mujeres como Cristo ama a la iglesia” (5,25). Esta arenga del Apóstol debió significar una verdadera revolución, pues para el mundo griego era inconcebible que el Dios de los cristianos pudiera amar a los hombres. Para el mundo pagano ‘amar’ era una debilidad; sólo amaba el inferior al superior11. El autor de la Carta a los Efesios muy intencionalmente ha colocado el amor de Cristo a la iglesia como fuente y modelo de unas nuevas relaciones dentro de la pareja humana y dentro de la familia. Basta observar cómo coloca la figura de Cristo-Esposo que ama a su esposa (5,25-32) dentro del esquema del ‘código familiar’ (Efes 5,21-24 y 6,1-4) para superar la estructura antigua. Otro caso similar, también muy significativo, lo encontramos en la Carta de Pablo a Filemón (8-21) a propósito de la situación de Onésimo: el Apóstol pide a Filemón que “acoja a Onésimo ya no como criado, sino como hermano muy querido”. La razón es sencilla: porque uno y otro son cristianos; las relaciones interpersonales de patrón-obrero han cambiado a partir del bautismo de ambos. El Doctor Angélico definía el matrimonio como una ‘relación’ que tiene a la base la disposición del amor recíproco que expresa con el término ‘redamatio’12. Este vocablo manifiesta el intercambio de actitudes que propicia el amor y que justifica el nacer de unas nuevas relaciones interpersonales. El Concilio Vaticano II ha sido explícito en la ‘recepción’ del amor dentro de la teología; en los numerales 46-52 de la Gaudium et Spes, al menos 25 veces, aparece el término ‘amor’. De ahí que hoy se defina el matrimonio como el ‘sacramento del amor’ y la familia como ‘comunidad de amor y de vida’. La Constitución dogmática Lumen Gentium lo afirma claramente: “los cónyuges cristianos, en virtud del sacramento del matrimonio, por el cual significan y participan el misterio de unidad y de amor fecundo entre Cristo y la iglesia, se ayudan mutuamente a santificarse en la vida conyugal y en la procreación y educación de la prole” (11). Los verbos que emplea la Lumen Gentium ‘significar’ y ‘participar’ son particularmente llamativos porque expresan el ‘ser’ y el ‘quehacer’ del matrimoniofamilia: es una participación en la alianza Cristo–iglesia que luego manifestará y revelará a la comunidad eclesial mediante la vida cristiana. En primer lugar, se debe colocar el elemento ‘amor’. Juan Pablo II, en su primera encíclica Redemptor hominis (4 marzo 1979), afirmaba que “no se puede vivir sin amor. Permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido, si no le es revelado el amor, si no lo experimenta, y lo hace propio, si no participa vivamente en él” (10). Más aún, el hombre ama porque fue creado a imagen y semejanza de Dios que es Amor (Cf. I. Jn 4,8). M. Cabada en su obra La vigencia del amor establece un paralelo entre el amor familiar y el amar a Dios. Refiriéndose a Siewerth afirma: “la trascendencia de la niñez estriba en que es en ella donde el hombre va a experimentar un amor ejemplar infinito que puede ser denominado con verdad de este modo, porque en tal experiencia el niño no percibe todavía la diferencia entre la infinitud del amor y la finitud de sus portadores o mediadores concretos e históricos (sus propios padres). De este modo se puede decir que el pequeño ser humano, en su finitud, es capacitado por la infinitud para poder así acceder a esta misma”13. Más adelante escribe: El niño ni conoce a Dios ni al hombre, puesto que no distingue al uno del otro; pero conoce, en cambio, una realidad que le hace presente a Dios y al hombre en indisoluble unidad. (…) En virtud de esta originaria unidad ‘venera’ el hijo en sus padres algo divino, no cognoscible en sus límites humanos, dado que el hijo en esta vivencia amorosa originaria no es capaz de apreciar los límites de la capacidad de amar y de actuar del padre y de la madre. (…) Por ello dirá Siewerth que la divinidad se hace secretamente presente al hombre, no en la elucubración abstracta de los pensamientos, sino al calor del encuentro amoroso humano en el corazón14. “Es verdad, añade, Cabada, que el niño percibe en primer lugar lo Absoluto, Dios, en su madre, en su padre, y que sólo en un segundo y tercer paso ha de aprender a diferenciar el amor de Dios del amor experimentado. Por ello, comenta Balthasar que el acceso a la realidad de Dios no puede prescindir de este fundamental hecho antropológico, por el que madre e hijo habitan o se mueven en una misma elipse de amor”15. La analogía entre pareja-familia e iglesia, no sólo se realiza a través del amor y de las relaciones interpersonales (paternidad-maternidad, filiación, hermandad, nupcialidad) sino también a nivel de la dimensión comunitaria. Pareja-familia son una comunidad de amor y de vida, una comunidad de personas que cultivan una rica red de relaciones interpersonales, análogamente a como lo es también la Trinidad divina, como lo es la iglesia.

También aquí se presta la analogía para subrayar la ‘mediación’ de la pareja-familia en orden a descubrir que la Trinidad y la iglesia son comunidad, son familia. Fue la teología de la Iglesia primitiva, en el oriente, la que intuyó esta analogía. S. Gregorio Nacianceno, S. Efrén El Sirio, Dídimo El Ciego, son testigos del desarrollo de la analogía entre pareja-familia y la Trinidad16. La Gaudium et Spes afirma que “la sociedad de hombre y mujer es la expresión primera de la comunión de personas humanas” (12). Un poco más adelante retoma este tema: “el Señor, cuando ruega al Padre que todos sean uno como nosotros también somos uno, abriendo perspectivas cerradas a la razón humana, sugiere una cierta semejanza entre la unión de las personas divinas y la unión de los hijos de Dios en la verdad y en el amor” (GS. 24). Posteriormente, cuando se preparaba el Sínodo de Obispos (1980) que estudiaría el tema de la familia, la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM) dio una buena contribución al sínodo con una reflexión titulada La familia a la luz de Puebla; en ella se hacía una referencia explícita a la analogía que estamos exponiendo: “el misterio de Dios- Familia es expresado por la teología con la palabra comunión. Comunión y comunidad familiar son sinónimos. Suponen una unidad íntima, fundada en la intercomunicación de vida y amor personal”17. Más adelante añade: “esta trinidad humana, padre, madre e hijo, fue creada desde un comienzo como una especie de sacramento natural del Dios-Familia. (…) La familia es la más perfecta de las comunidades humanas. Es la única creada directamente por Dios y la que lleva más nítidamente impresa la huella de su semejanza. En efecto, como reflejo creado de la Sma. Trinidad, es la única comunidad fundada exclusivamente en la intercomunicación de vida y de amor”18. Juan Pablo II, celebrando la Fiesta de la S. Familia en Porto S. Giorgio (Italia, 30 Dic. 1988), aludía a esta analogía: “no hay en este mundo otra imagen más perfecta, más completa de lo que es Dios, unidad, comunión. No hay otra realidad humana que corresponda mejor a este misterio divino que la familia”19.

Respecto a la ‘mediación’ entre la familia natural y la ‘nueva comunidad de la iglesia, fue S. Juan Crisóstomo quien propuso la analogía de la ‘pequeña iglesia doméstica’ y la gran comunidad eclesial. Predicando a sus feligreses, en la eucaristía dominical sin duda, sugería que al regresar a sus casas organizaran dos mesas: una para compartir la cena de la tarde y otra para compartir la reflexión sobre la Palabra de Dios. El esposo y padre de familia deberá reunir a la familia, incluso la servidumbre, y repetir para todos ellos lo que ha escuchado en el tempo; se trataba de una especie de ‘celebración de la Palabra’: cantos, proclamación del mensaje revelado, diálogo, oración común…. Todo este rito tenía un objetivo particular: ‘hacer de la comunidad familiar un ‘pequeña iglesia doméstica’20. La analogía de la pareja-familia como ‘pequeña iglesia doméstica’ tiene unos elementos que hacen paralelo con la ‘gran iglesia’: en la ‘pequeña iglesia doméstica’ hay una casa, hay una mesa, hay una comunidad familiar, hay unos responsables (los padres de familia) de dicha comunidad, hay un culto familiar a Dios. Estos cinco elementos encuentran un paralelo en la casa del templo, en la mesa del altar, en la comunidad eclesial, en los ministros de la iglesia, en el culto de toda la gran comunidad. La analogía entre ’pequeña iglesia doméstica’ y la ‘gran iglesia’, que se eclipsó por varios siglos después de la época de los Padres, recuperó su importancia y sentido con el Concilio Vaticano II21 y, posteriormente, con Pablo VI22 y con Juan Pablo II23. Las dos analogías examinadas (pareja-familia= ‘icono’ de la Trinidad e ‘iglesia doméstica’=’gran iglesia’) demuestran ciertamente que la pareja-familia constituye una ‘mediación’ muy válida para conocer el ‘ser’ y el ‘quehacer’ de la Iglesia. De este modo se comprende porqué el ‘indicativo vinculante’ se condensa en el slogan de Juan Pablo II: “Familia, sé lo que eres” (FC 17). El conocimiento de la ‘mediación’ hace saltar una pregunta: cómo lograr que esta ‘mediación’ se haga efectiva en cada una de las parejas-familias cristianas? La respuesta no puede ser otra que una toma de conciencia por parte de la pareja-familia de este cometido o misión específica. Esta toma de conciencia de ser ‘mediación’ para… la adquirirá la pareja-familia haciéndose conscientes de ser un ‘nosotros’ como pareja y como familia. La categoría del ‘nosotros’ es de data reciente, prácticamente. Fueron los filósofos del personalismo cristiano24 los primeros en re-descubrir esta realidad, que ya existe desde el Génesis, pero que, por causa de la rivalidad de los sexos, despareció por muchos siglos. El texto genesíaco –“el hombre dejará a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y se harán los dos una sola carne” (Gn 2,24)- es el primer punto de partida para esta nueva categoría. No es sólo esta afirmación del Génesis la que da fundamento a esta categoría; hay algo más: los exegetas han encontrado una reminiscencia de los nombres hebreos de varón (ish) y de mujer (ishah) en el mismo nombre de Dios (YHWH) que llamaban el ‘Tetragrámaton’25. De aquí que la unidad de varón-mujer en ‘una sola carne’ sea la mejor imagen de la unidad de Dios. El Concilio Vaticano II parece haber abierto un espacio implícitamente al ‘nosotros’ de la pareja y de la familia: “los cónyuges (…) se esforzarán ambos de común acuerdo y común esfuerzo, por formarse un juicio recto, atendiendo tanto a su propio bien personal como al bien de los hijos” (GS 50). También en forma implícita, la Gaudium et Spes aludió al proceso dinámico de desarrollo de esta conciencia: “el marido y la mujer, que por el pacto conyugal ‘ya no son dos sino una sola carne’, con la unión de sus personas y actividades se ayudan y se sostienen mutuamente, adquieren conciencia de su unidad y la logran cada vez más plenamente” (48). Con posterioridad al concilio, algunos documentos de la iglesia han hecho referencia a esta categoría del ‘nosotros’ aplicándolo a la pareja–familia; la Familiaris consortio hace una alusión interesante: “en la intimidad conyugal están implicadas las voluntades de dos personas, llamadas sin embargo a una armonía de mentalidad y de comportamiento. Esto exige no poca paciencia, simpatía y tiempo” (34).

Más tarde, Juan Pablo II, en la Carta Apostólica Mulieris dignitatem (15 agosto 1988), se refería a la ‘unidad de dos’ (6), una expresión original de H. Doms. El hombre no puede existir sino como ‘unidad de dos”, vuelve a afirmar al numeral 7. Igualmente, la Carta a las familias Gratissimam sane (2 febrero 1994) alude a la ‘unidad de dos’ (8). Esta conciencia del ‘nosotros conyugal y familiar’ se puede describir en estos términos: “es el juicio inspirado por el afecto, la inteligencia y la voluntad, nacido de la intersubjetividad de varón-mujer como culmen de la vivencia de la dimensión relacional, de encuentro y de identificación como ‘una sola carne’, que lleva a la pareja a deliberar y a decidir como un ‘yo conyugal’”26. Esta categoría del ‘nosotros’ de pareja y de familia se esta reforzando con la propuesta del principio de ‘totalidad’, planteado por Pío XII y hoy en dinámica evolución27. López Millán va más allá de las previsiones del Papa, y concibe que el principio también tiene aplicación cuando se trata de la ‘totalidad conyugal y familiar’; incluso, que la totalidad conyugal y familiar se convierte en ‘criterio o norma reguladora de los diversos valores que la integran”28. La ‘mediación’ de la pareja-familia para conocer el ‘ser’ y el ‘quehacer’ de la iglesia requiere una toma de conciencia del ser un ‘nosotros’ de pareja y de familia. Las parejas manifiestan esta conciencia del ‘nosotros’ cuando, en el argot popular, hablan de ‘la otra mitad’29. De esta toma de conciencia se derivan unas consecuencias: • En primer lugar, la urgencia de superar el ‘fatalismo sociológico’ que hace pensar que las tendencias sociales determinan inexorablemente cuál sea el futuro”30. “En su contra, escribe el autor, hay que afirmar una ‘sociología del sujeto’. Es decir, la posibilidad por parte del agente humano (en este caso la pareja y la familia) de modificar el contexto en el que vive; de no ser a mero elemento paciente de un cambio social o cultural. La sociedad y la cultura guardan una relación dialéctica con el ser humano, que de ellas vive y a su vez las modifica”. Juan Pablo II tocó de cerca la necesidad de promover “la conciencia de ser protagonistas de la llamada política familiar, y asumirse la responsabilidad de transformar la sociedad; de otro modo las familias serán las primeras víctimas de aquellos males que se han limitado a observar con indiferencia” (FC 44). • Una segunda consecuencia es la urgencia de humanizar la estructura de parejafamilia. La postmodernidad ha tenido efectos positivos; pero también hay que reconocer los efectos negativos que ha desencadenado, afectando gravemente el clima de pareja y de familia31. Entre otros efectos negativos, G. Morra enuncia la aparición en nuestro tiempo de una ‘sociedad débil’, y dentro de ella por tanto, también una ‘familia débil’32 que se caracteriza por un creciente debilitamiento en su misión educadora, especialmente. También aquí opera la ‘mediación’: si la célula primera y fundamental de la ‘gran iglesia’ (la ‘pequeña iglesia doméstica’) adolece de debilidad, esto incidirá directamente en la conformación de la comunidad eclesial. En la ‘gran iglesia’, como también en la sociedad, repecutirán los efectos nocivos de la Postmodernidad sobre la pareja-familia. Una publicación en Internet –“La nueva generación de padres de familia”- afirmaba: “somos de las primeras generaciones de padres decididos a no repetir con los hijos los mismos errores que pudieron haber cometido nuestros progenitores. Y en el esfuerzo por abolir los abusos del pasado, ahora somos los más dedicados y comprensivos, pero a la vez los más débiles e inseguros que ha dado la historia”. E. Rojas, un psicólogo español, ha sugerido una clave muy humana para lograr esta humanización de la pareja-familia: se trata de conciliar sabiamente ‘cerebro’ (varón) y ‘corazón’ (mujer)33. El machismo sometió a la mujer por siglos a su arbitrio y capricho; hoy la mujer se esfuerza por reivindicar sus derechos de persona humana, pero prolongando la lucha de los sexos.

Humanizar las relaciones de pareja y de familia es recuperar el plan primigenio de Dios que, ‘desde el comienzo’ “los creó varón y mujer”, diferentes pero no desiguales; no los creó para el dominio del uno y la sujeción de la otra, sino para que con reciprocidad y complementariedad ‘se hagan una sola lcarne’. • Una tercera consecuencia es la urgencia de una ‘nueva evangelización’ de la parejafamilia. A este propósito, Juan Pablo II había ya, antes de que la Conferencia del CELAM (Sto. Domingo 1992) hablara de ‘nueva evangelización’, en la Familiaris consortio se había referido a ella en estos términos: “en un momento histórico en que la familia es objeto de muchas fuerzas que tratan de destruirla o deformarla, la iglesia, consciente de que el bien de la sociedad y de sí misma está profundamente vinculado al bien de la familia, siente de manera más viva y acuciante su misión de proclamar a todos el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia”(3). El Papa insistirá sobre esta idea al afirmar que “la futura evangelización depende en gran parte de la ‘iglesia doméstica’” (FC 52), que “el futuro de la humanidad se fragua en la familia” (FC 86). La ‘nueva evangelización’ tiene en la pareja-familia el mejor ‘aliado’ para lograr que las ‘cuatro relaciones fundamentales de la persona (paternidad-maternidad, filiación, hermandad, nupcialidad), que encuentran su pleno desarrollo en la vida de familia’, se vivan y se experimenten luego en la comunidad eclesial. La pareja-familia ejercerá una vez más su función de ‘mediadora’ para que podamos comprender aquellas ‘relaciones fundamentales’ al nivel de la iglesia: “experiencia de Dios como Padre, experiencia de Cristo como hermano, experiencia de hijo en, con y por el Hijo, experiencia de Cristo como Esposo de la iglesia” (Puebla 583). Los esposos y padres de familia, como ya lo anotaba la Lumen Gentium, “deberán ser para sus hijos los primeros predicadores de la fe mediante la palabra y el ejemplo” (11); igualmente la Apostolicam actuositatem afirmaba que “los esposos cristianos son paras sí mismos, para sus hijos y demás familiares, cooperadores de la gracia y testigos de la fe; son para sus hijos los primeros predicadores y educadores de la fe…” (11). El Cardenal Carlos M. Martini, en un encuentro con familias en Milán, tuvo ocasión de exponer lo que él llamaba ‘vivir el evangelio de pareja’34; en aquellas catequesis insistió sobre la dimensión misionera de la pareja-familia al interior de la pareja y de la familia y en relación con el testimonio misionero de la ‘pequeña iglesia doméstica’ en la iglesia y en el mundo. Los esposos entre sí, uno a oto se anuncian el evangelio del amor, y juntos lo anuncian a sus hijos. Se cumple de este modo la tarea que el Creador encomendó ya ‘desde el comienzo’ a los primeros padres de la humanidad de ser verdaderos ‘aliados’ suyos para expresarse uno al otro, cómo ama Dios a la mujer, cómo ama Dios al hombre, a través del amor que le manifiesta el cónyuge. Del mismo modo los hijos sabrán cómo los ama Dios mediante el amor de sus padres. La conciencia de ser un ‘nosotros’, como pareja y como familia, no se limitará sólo al campo de las relaciones fundamentales (al ‘ser’ comunidad conyugal y familiar), sino que trascenderá también al ‘quehacer’, a la misión como esposos y padres de familia. Las tres consecuencias que se han analizado anteriormente (necesidad de ejercer el protagonismo, urgencia de humanizar las relaciones y participar en la ‘nueva evangelización’) son al mismo tiempo tres desafíos para que la pareja-familia sea de verdad una genuina ‘mediación’ – un puente- hacia el ‘ser’ y el ‘quehacer’ de la Iglesia. Iniciando esta reflexión se subrayó la sentencia de Juan Pablo II -“Familia, sé loque eres”-. Una arenga a la pareja-familia que conlleva el principio paulino del ‘indicativo vinculante’; una metodología antigua, pero que hoy se muestra en plena actualidad: del ‘ser’ se hace derivar una conducta coherente, lógica. Se ha intentado demostrar que la pareja-familia es una verdadera ‘mediación’ para conocer el ‘ser’ y el ‘quehacer’ de la iglesia a partir del ‘ser’ y ‘quehacer’ de la pareja–familia. Como punto de arranque para descubrir esta ‘mediación’ nos hemos servido de los Evangelistas Sinópticos cuando se refieren al ‘parentesco’ de Jesús de Nazareth: Jesús, reconociendo la paternidad de María y de José, puso de presente que lo vinculaba una Paternidad superior: no sólo es hijo (con minúscula) de María; es sobretodo Hijo (con mayúscula) del Padre Celestial. Dos elementos fundan esta ‘mediación’: el amor humano y las relaciones interpersonales que, a partir del amor, se generan: nupcialdiad, paternidad-maternidad, filiación, hermandad, que son también las relaciones fundamentales de la persona humana que encuentran su pleno desarrollo en la vida de pareja-familia; estas mismas relaciones unen a los miembros de la familia cristiana, la iglesia. Intuir esta ‘mediación’ y experimentarla comporta unas consecuencias concretas; más que consecuencias, constituyen verdaderos desafíos para la pareja-familia cristiana: el ´protagonismo’ activo de la pareja-familia dentro de la comunidad eclesial, la humanización de las relaciones interpersonales como derivadas del amor cristiano (no de un mero código de derechos-deberes) y la urgencia de que los esposos y padres de familia entren a participar en la ‘nueva evangelización’, conscientes de ser “los primeros predicadores de la fe con la palabra y con el ejemplo.

1 Cf. Tini, Osvaldo. La fraternità e la famiglia di Gesù in Mc. 3,31-35, Seraphicum, Roma 2003; Magg ioni, Bruno. “Lettura sincronica di Mc. 3,20-21 e 31-35 e paralleli”, en Theotokos, v. 2, n. 2, (1994) 11-26. Schürmann, Heinz. Il vangelo di Luca. Parte Prima. Commento, Paideia, Brescia 1983, 743-747; Danieli, Giuseppe. “Maria e i fratelli di Gesü nel Vangelo di Marco”, en Marianum, v. 40, n.1-2 (1978) 91-109; Valentini, Alberto. ”Chi è mia madre, chi sono i miei fratelli?”, en In Spiritu e Veritate. Miscellanea di studi offerti al P,. Anselmo Mattioli, Roma 1995, 113-156.

2 Cf. Scola, Angelo. Il mistero nuziale, 1.Uomo-dona, PUL-Mursia, Azzate (Va) 1998; Barton, Stephen (ed). The Family in theological Perspectives, T. and T. Clark, Edimburg 1996; Ouellet, Marc. Divina somiglianza. Antropologia trinitaria della famiglia, Lateran University Press, Roma 2004; Hanlon Rubio, Julie. A christian Theology of Marriage and Family, Paulist Press, New York 2003; botero G., J. Silvio. La famiglia: dalla realtà al mistero, Logos, Roma 2005; Botero G., J. Silvio. Per una teologia della famiglia, Borla, Roma 1992.

3 Cf. Gnilka, Joachim. Il Vangelo di Matteo. Parte Prima. Commentario teologico del Nuovo Testamento, Paideia, Brescia 1990, 684.

4 Cf. Schürmann, Heinz. Il Vangelo di Luca. Parte Prima. Commentario teologico del Nuovo Testamento, Paideia , Brescia 1983, 743-744.

5 Cf. Pesc h, Rudolf. Il Vangelo di Marco. Parte Prima. Commentario teologico del Nuovo Testamento, Paideia, Brescia 1980, 358-363

6 Cf. Tini, Osvaldo. La fraternità e la famiglia di Gesù in Mc. 3,31-35, Seraphicum, Roma 2003, 31-32.

7 Cf. Pesch, Rudolf. O. c., 358-363.

8 Cf. Bianchi, Enzo. “La nuova famiglia di Gesù” en La famiglia. Parola, Spirito e Vita, n. 124, EDB, Bologna 1979, 181.

9 Cf. Nigro, Carmelo. Dio più grande del nostro cuore, Città Nuova, Roma 1982, 295-352; Holz, Harald. “Analogía”, en Conceptos fundamentales de filosofía, v. I, Herder, Barcelona 1977, 94.

10 Cf. Bosetti, Elena. ”Quale etica nei codici domestici (‘Haustafeln’) del Nuovo Testamento?”, en Rivista di Teologia Morale, v. 18, n. 72 (1986) 9-26; Bosetti, Elena. “Codici familiari: storia della ricerca e prospettive”, en Rivista Biblica, v. 36 n. 2 (1987) 129-179.

11 Cf. Suances, Manue A. Max Scheler. Principios de una ética personalista, Herder, Barcelona 1976, 89- 95.

12 Cf. Sto.Tomás De Aquino. Suma Teológica I-II, q. 28, a. 1-2.

13 Cabada Castro, Manuel. La vigencia del amor. Afectividad, hominización y religiosidad, San Pablo, Madrid 1994, 301.

14 Ibid., 302-303.

15 Ibid., 304.

16 Cf. Nazianzeno, Gregorio. Cinque discorsi teologici, Città Nuova, Roma 1986, 163-180; Orbe, Antonio . “La procesión del Espíritu Santo y el origen de Eva”, en Gregorianum, n. 45 (1964) 103-118; Botero G., J. Silvio. La famiglia: dalla realtà la mistero, Logos, Roma 2005, 62-82; Botero G., J. Silvio. Per una teologia della famiglia, Borla, Roma 1992, 36-67.

17 Consejo Episcopal Latinoamericano. La familia a la luz de Puebla. Aporte del CELAM para el Sínodo Episcopal de 1980, Bogotá 26, 28, 29.

18 Ibid., 28.

19 Giovanni Paolo II. “La missione della verità, dell’amore, della vita”, en Insegnamenti di Giovanni Paolo II, v. XI/4 1988, Editrice Vaticana 1991, 1961-1966.

20 Cf. Chrysostomi, S. Joannis. “In Genesim, Sermo VI 2”, en PG. 54, 607; Tettamanzi, Dionigi. La chiesa domestica. Per una pastorale della famiglia oggi, Dehoniane, Napoli 1979; Gajek, Giovanni S. La chiesa domestica in una prospettiva orientale, Centro Russia Ecumenica, Roma 1984; Botero G., J. Silvio. La Famiglia: dalla realtà al mistero, o. c.; Botero G., J. Silvio. Per una teologia della famiglia, o. c., 67-83.

21 Cf. Constitución dogmática Lumen gentium n. 11 y Decreto Apostolicam actuositatem n. 11.

22 Cf. Paulo VI. Esortazione Apostolica Evangelii nuntiandi (8 Dic. 1975), n.71.

23 Cf. Juan Pablo II. Exhortación Apostólica Familiaris consortio (22 Nov. 1981), nn. 21, 38, 48, 49, 51- 55, 59, 61, 65, 86.

24 Cf. Nédoncelle, Maurice. Vers une philosophie de l’amour, Montagne, París 1957, 145-155 y 242-248; Buber, Martín. Yo y tú, Caparrós, Madrid 1993; Laín Entralgo, Pedro. Teoría y realidad del otro, v. I-II, Revista de Occidente, Madrid 1962.

25 Cf. Gentili, Antonio. Se non diventerete come donne. Simboli religiosi del femminile, Ancora, Milano 1988, 49; Bartolini, Elena. ”La storia dell’amato e dell’amata come epifania dell’Eterno nel Cantico dei Cantici”, en Bonetti, Renzo (Ed.). Verginità e matrimonio. Due parabole dell’Unico Amore, Ancora, Milano 1998, 113.

26 Botero G., J. Silvio. “Conciencia de pareja. Hacia una recuperación de un proyecto inicial”, en Studia Moralia n. 37, (1999) 118-119; Botero G., J. Silvio. “El discernimiento ético de pareja. Un desafío al machismo-feminismo actual”, en Cuestiones Teológicas, v. 33, n. 79 (2006) 117-137; Botero G., J. Silvio. “Nupcialidad y conciencia conyugal: el ‘indicativo vinculante‘ de la pareja humana“, en Laurentianum, v. 45, n. 1-2 (2004) 23-39; Botero G., J. Silvio. “Hacia una conciencia del ‘nosotros conyugal’. Intuiciones recientes y sugerencias de futuro”, en Moralia, v. 14, n. 54 (1992) 177-194; Botero G., J. Silvio. “Conciencia del ‘nosotros conyugal’: raíces en el pasado y perspectivas de futuro”, en Laurentianum, v. 43, n.1 (2002) 397-415; Botero G., J. Silvio. ”La conciencia conyugal: dificultades y perspectiva actual”, en Homo Dei, v. 73, n. 2 (2003) 138-144.

27 Cf. Botero G., J. Silvio. “La pareja humana, una totalidad de vida: implicaciones éticas”, en Compostellanum, v. 50, n. 1-4 (2005) 291-306; Botero G., J. Silvio. De la norma a la vida. Evolución de los principios morales, P.S. Editorial, Madrid 2003, 69-77.

28 Cf. López Millán, Vicente. “Anticoncepción: conflicto de deberes, imposibilidad moral y mal menor”, en Miscelánea Comillas, v. 33, n. 62 (1975) 8 y 10.

29 Cf. Moore, G. The Body in context. Sex and Catholicism, SCM. Press, London 1992: 116-1239: ‘The other half’.

30 Martínez Cortés, Javier. “Qué cultura para qué famiglia”, en Familia y cultura. La familia en el umbral del año 2000, Universidad Pontificia de Salamanca, Salamanca 1998, 41.

31 Cf. Botero G., J. Silvio. L’etica della coppia nella Postmodernità, Logos , Roma 2003, 13-55.

32 Cf. Morra, Gianfranco. Il quarto uomo. Postmodernità o crisi della modernità?, Armando, Roma 1992, 137-138.

33 Cf. Rojas, Enrique. El amor intelligente. Corazón y cabeza: claves para construir una pareja feliz, Temas de hoy, Madrid 1997.

34 Cf. M. Martini, Carlo. Vivere il evangelo del matrimonio, Centro Ambrosiano, Milano 1990.

 

Medellín – Colombia. Junio-Diciembre de 2007, ISSN 0120-131X

 

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San Clemente Hofbauer: ¿modelo típico del pastor para el siglo XXI?

Jan 23, 2014 0

 

La Iglesia Católica afronta muchas dificultades relacionados con los procesos sociales de nuestro tiempo, especialmente con la secularización y la laicización. Observamos una erosión permanente de la fe cristiana. Notamos que no pocas personas han perdido su confianza en la iglesia. Como miembros de la Iglesia Católica, tenemos que escuchar día tras día palabras cortantes de crítica frente al cristianismo. Y en tal situación, la Iglesia no debe rendirse. Los sacerdotes tienen que interpretar todo lo que ocurre como signo de los tiempos y dar una respuesta pastoral eficaz. Sobre todo no deben perder la esperanza, a pesar de que sus esfuerzos a menudo sean ineficaces. Tienen que aprender a afrontar muchas derrotas. Todavía más: la Iglesia, al mismo tiempo, está llamando a una nueva evangelización. Por eso los pastores no pueden ser desconfiados y pasivos. Toda la Iglesia tiene que responder a la llamada a la evangelización en cada área de sus actividades pastorales. Por eso cada sacerdote debe entender su vocación como misionero y evangelizador. ¿Cómo se puede responder a estos desafíos? ¿Dónde se puede encontrar una inspiración que fortalezca la creatividad pastoral hoy? ¿Ha habido, durante la historia de la Iglesia, alguien que puede servir para párrocos, confesores y predicadores de hoy como un ejemplo típico que muestra cómo es posible superar los obstáculos ideológicos, políticos y sociales? Sí. Tal ejemplo típico se puede encontrar en la persona de San Clemente Hofbauer. 1. El pastor apasionado San Clemente nacía para servir a Dios como sacerdote. Su vocación individual a la vida sacerdotal era confirmada por el carisma de los Redentoristas, que se realiza en un servicio perseverante a los hombres que buscan a Dios y tienen hambre de la verdad del Evangelio. El amor apasionante y ardiente por los pobres, llevaba al Padre Hofbauer siempre allá dónde podía realizar su vocación apostólica con toda entrega, no sólo en Varsovia, sino también en Viena como predicador, confesor, consejero espiritual o educador. 1.1. El misionero Si bien san Clemente nació en Moravia, en Italia se hizo redentorista, sacerdote y misionero. Allí ha conocido la actividad principal de los redentoristas, que consistía en la predicación de las misiones populares. Varios cohermanos estaban en una parroquia durante dos o cuatro semanas, y predicaban el Evangelio cada día por la mañana y por la tarde, para animar la fe de los cristianos y también dar vitalidad a la vida parroquial. En Polonia tales misiones eran casi imposibles; más tarde, durante la ocupación prusiana, estaban totalmente prohibidas. A causa de las necesidades religiosas y falta de conocimientos de la fe, el Padre Hofbauer instaló la “misión permanente“. Escribía: “Que se predique el sermón frecuentemente para el pueblo, la “misión permanente” tiene que llegar a su vida. Porque aquí las misiones están prohibidas por el Estado y no pueden ser llevadas a cabo sin permiso expreso de las autoridades políticas. Durante siete años la autorización no ha sido otorgada.”1 Así, la pequeña iglesia del San Bennon se convirtió, durante varios años, en el centro de la vida religiosa en toda Varsovia. A pesar de que la iglesia de la que hablamos está ubicada entre otras dos iglesias más conocidas, la iglesia de los Redentoristas, que muy pronto eran llamados “Bennonitas” por la población de Varsovia, no podía acoger a todo el pueblo que afluía a diario a la oración. Domingos y festivos la iglesia estaba repleta de gente que venía para las misas. El servicio religioso duraba desde la mañana temprano hasta el anochecer, todos los días, con exposición del Santísimo Sacramento y procesiones, música adecuada y sermones llenos de celo, que eran proclamados no sólo en el polaco, sino también en el alemán. Fidelidad a la Iglesia Católica, celo en la celebración de los servicios religiosos, visitas en raras ocasiones a familias aristocráticas; todo ello ganaba a los misioneros redentoristas respeto y veneración. Con lluvia, calor o frío los varsovianos llegaban de los barrios más alejados para participar en las celebraciones en la iglesia del San Bennon. Varios jóvenes de vocación, talento y buena reputación entraban en la Congregación de los Redentoristas. Muchos testigos hablaban de una gran popularidad de la iglesia de San Bennon. Los varsovianos visitan cada día la iglesia para confesarse y oír las predicaciones, y subrayan la amabilidad con la que son acogidos. Artistas, fabricantes, artesanos, servidores… todo el pueblo se agolpaba en la iglesia de la nueva ciudad de Varsovia. El centro de la actividad pastoral de los Redentoristas en la iglesia era la Eucaristía. Cada día, el momento culminante era misa solemne con un acompañamiento musical. Por eso los Padres daban especial importancia a una cuidadosa organización de las celebraciones. Querían mover a los creyentes no sólo por la palabra pronunciada. San Clemente Hofbauer pensaba: cuanto más rico es el contenido y más hermoso el servicio religioso, tanto más los corazones humanos son encendidos para Dios y la fe. El Padre Hofbauer estaba convencido que “el pueblo comprende más a través de los ojos que de las orejas”2. Por eso la iglesia, los altares y las imágenes estaban adornados siempre con velas, flores y alfombras. Durante las celebraciones se utilizaba la más hermosa vestimenta litúrgica. Los creyentes varsovianos decían que esta iglesia es bendecida por el Dios porque sostenía la misión permanente. Lo que en la iglesia de los Redentoristas despertaba mayor admiración era la celebración solemne de los servicios religiosos con acompañamiento de 1 A. Owczarski, Die immerwährende Mission in der Kirche von St. Benno in Warschau, en: H. Schermann, Klemens Maria Hofbauer. Profil eines Heiligen, Wien 2001, p. 73. 2 Ibid., p. 67. música y canto. Esto merece ser subrayado especialmente porque esto se distinguía del espíritu severo de la época del iluminismo y jansenismo. Los redentoristas ponían gran énfasis especialmente en la liturgia y en la predicación de la Buena Nueva. Todos los días predicaban de 5 a 6 veces en lenguas diferentes: polaco, alemán y de vez en cuando francés. Por la tarde, los padres daban catecismo para niños3. Los Redentoristas en su iglesia, junto con la celebración de la eucaristía y la predicación del Evangelio, trataban como tarea principal la celebración del sacramento de la reconciliación. Los Padres se sentaban en los confesionarios temprano, a las cinco de la madrugada, y oían las confesiones hasta la noche. Sólo al mediodía se daba un descanso de 2 horas. De esta forma, los Redentoristas adquirieron fama de buenos confesores y directores espirituales. Las personas más devotas, los sacerdotes más llenos de celo apostólico, los católicos más sabios elegían siempre a los Redentoristas como sus confesores. Eran apreciados no sólo en Varsovia, sino también en los alrededores. 1.2. El director espiritual y confesor Después de que los Redentoristas dejaran Varsovia, San Clemente llega a Viena, dónde no p fundar ninguna comunidad religiosa. Sin embargo encontró la manera de continuar con su trabajo pastoral. Vivía en una casa pequeña con dos cohermanos, en la que él mismo ocupaba dos pequeños cuartos que estaban permanentemente abiertos para los visitantes. Le visitaban personas sencillas, estudiantes, escritores, artistas, diplomáticos y funcionarios nobles del estado que elegían al Padre Hofbauer como su director espiritual4. Durante las conversaciones espirituales, San Clemente de ninguna manera trató de influir psicológicamente en las personas. Para él lo más importante era anunciar a la gente la verdad de Cristo. Su empatía se mostraba también en esta actitud. Las personas decepcionadas por causa de la Iglesia, que no querían hablar con ningún sacerdote, confiaban a San Clemente sus cuestionamientos y él a menudo encontraba una palabra de ayuda y consuelo. Tenía olfato para detectar a las personas de cuya vida se apoderaba la desesperación. Las palabras de san Clemente les ayudaban a recuperar de nuevo el rumbo de sus vidas. Esta asistencia espiritual de conversación y consulta se realizaba con total discreción; sin embargo, era de gran influencia porque muchos miembros de los círculos intelectuales desempeñarían más tarde un papel importante en la renovación de la vida eclesiástica5. San Clemente era fiel al estilo redentorista de la dirección espiritual. No sólo en Varsovia, sino también en Viena, dío gran importancia a la confesión. Durante su estancia en Viena, en el más frío invierno iba a las cuatro de la mañana a los suburbios, a la iglesia de los Padres Mecharistas, dónde se sentaba durante tres horas en el confesionario. De ahí se dirigía a la iglesia de las Hermanas Ursulinas. Cuando llegaba, su confesionario estaba rodeado por los penitentes 3 R. Decot, Klemens Maria Hofbauer (1751-1820): zu seinem pastoralen Wirken, „Theologie der Gegenwart“ 44 (2001), p. 86. 4 Ibid., p. 89. 5 O. Weiss, Begegnungen mit Klemens Maria Hofbauer (1751-1820), Regensburg 2009, p. 65. que esperaban. Y cuando regresaba a casa, la gente ya lo esperaba delante de su cuarto para abrir su corazón delante de él. Sus consejos eran cortos, serios y buenos, y dejaban una impresión inolvidable. Hubo una frase, que repetía a menudo, que permaneció en el recuerdo de sus penitentes: “¡Ánimo! ¡Dios dirige todo!”6. En la confesión, el Padre Hofbauer no se colocaba en el centro como el pastor que orienta a la gente; más bien ayudaba a las personas a descubrir un punto de su vida espiritual, en el que las mismas personas encontraban un nuevo principio para su vida cotidiana. Él tenía el don del discernimiento de los espíritus que sus penitentes podían reconocer fácilmente, porque San Clemente veía “a través de las tablas”7. Su instrucción en el confesionario era de vez en cuando muy original en su forma. Junto al confesionario ponía un cubo lleno de agua. Si un penitente tenía algo pesado en el corazón, tomaba una piedra y la lanzaba al agua. “Así como el agua envuelve totalmente esta piedra”, él decía al penitente, “así el amor del Salvador te envuelve con todo tu pecado”8. 1.3. El apóstol de la prensa San Clemente usaba todo que estaba a su alcance para anunciar el Evangelio. Era consciente del valor del apostolado de la prensa. Él sólo escribía cartas y documentos oficiales9. Sin embargo, de él nace la propuesta de realizar “veladas literarias”, organiza una biblioteca y funda una revista literaria10. Las veladas literarias de San Clemente Hofbauer eran un componente importante de su atención espiritual a la gente con títulos académicos, estudiantes, profesionales y otros durante sus años vieneses. Durante tales veladas, que tenían lugar en sus habitaciones, se leía algún libro religioso o histórico y después los participantes discutían sobre su contenido. Estos encuentros proporcionaban a sus participantes orientaciones decisivas para su vida. El Padre Hofbauer se esforzaba para poner siempre a la disposición de los católicos – sacerdotes y laicos – buenos libros. Ya en Varsovia había organizado una biblioteca. En Viena había existido hacía muchos años una biblioteca católica. El Padre Clemente pidió a sus amigos y bienhechores encargarse de su renovación. De esta forma una nueva biblioteca apareció en el corazón de Viena. Una otra iniciativa del Padre Hofbauer era la publicación de la revista religioso-literaria: “Oelzweige” que aparecía en Viena tres veces por semana, durante los años 1819-1823. La revista, fiel a la tradición católica, presentaba el pensamiento y los sentimientos del círculo de San Clemente y del romanticismo vienés católico. Básicamente se trataba en ella de un catolicismo integral, que no sólo toca a la inteligencia humana en modo claro y racional, sino mueve al hombre de manera integral con su corazón, inteligencia y corporalidad. 1.4. El tutor espiritual de los laicos 6 R. Decot, op. cit., p. 92. 7 Monumenta Hofbaueriana XI, Toruń 1939, p. 27. 8 O. Weiss, op. cit., p. 65. 9 Klemens Maria Hofbauer, Briefe und Berichte, Wien 2000. 10 Ibid., p. 77-78. San Clemente era consciente que el catolicismo no puede ser reducido a celebraciones y sermones11. Por eso organizaba nuevas comunidades y grupos que salían al encuentro de las necesidades religiosas de los hombres. En Varsovia sus escuelas, la parroquia del San Bennon y los “Oblatos” formaban el marco de su actividad. En Viena, Clemente Hofbauer actuaba en grupos informales, círculos de alumnos, estudiantes, artistas, sociedades de poetas, intelectuales y otros. Según el historiador alemán del tiempo del nacionalsocialismo Karl R. Ganzer, la educación religiosa de los laicos recuerda a la de la acción católica. San Clemente construía un movimiento de los laicos que, junto con la realización de los ejercicios espirituales, tenían una tarea política que consistía en llenar la vida pública en cada de sus dimensiones con el espíritu combativo-romano. Los apóstoles laicos aparecían pronto en cada unión y cada sociedad. Durante sus viajes, San Clemente extendió estas organizaciones por toda Alemania. En este movimiento las personas más influyentes desempeñaban un papel especial. Cuando Padre Hofbauer llegaba a Viena, se reunían alrededor de él los círculos, a los que pertenecían hombres y mujeres, nobles y ciudadanos, sabios y artistas, diplomáticos y prelados. Estos círculos no eran cerrados, más bien algunas personas y algunos grupos mantenían relaciones más cercanas, otros sólo superficiales. Antes del Congreso de Viena el centro de la renovación religiosa en Viena se perfilaba en el círculo reunido alrededor del Padre Hofbauer12. La actividad de Padre Hofbauer llegó a su punto culminante durante el Congreso de Viena, aunque él se mantuvo en segundo plano. Antes del inicio del Congreso, un círculo intelectual que se reunía dos veces por semana se había formado en la ciudad alrededor del conde húngaro Francisco von Szechenyi. Se sabe que en la conversión de la Masonería al catolicismo del conde von Szechenyi había sido responsable de manera decisiva el Padre Hofbauer. En el Szechenyi club, en el que Hofbauer tenía una posición muy importante, se reunían los hombres de la orientación ultramontana. Si San Clemente tuvo una intervención decisiva no se puede constatar con certeza. A pesar de que San Clemente Hofbauer es llamado padre del catolicismo político, no se trataba de política, sino de la restauración católica-romana, es decir la renovación dentro de la Iglesia Católica. El papel de San Clemente consistía en el hecho de ser padre espiritual de aquellos círculos intelectuales. Se notaba su presencia activa y significativa en la dimensión política de iglesia, según la visión de la ortodoxia católica, que era más un resultado de las circunstancias que de su iniciativa personal13. 1.5. El predicador y catequista Cuando San Clemente predicaba en Viena, la iglesia se llenaba hasta el último asiento y espacio. Es muy curioso: conocemos que, según los informes de la policía del estado, el estilo de la predicación de San Clemente era de un tipo 11 R. Decot, op. cit., p. 99. 12 R. Decot, Hofbauer in «Gespräch» und Auseinandersetzung mit seiner Zeit, en: H. Schermann, Klemens Maria Hofbauer. Profil eines Heiligen, op. cit., p. 55. 13 Ibid., p. 58. muy común14. Él era predicador para la gente común y corriente. Sus ejemplos tomados de la clase baja, parábolas y expresiones, eran para los oyentes sencillos y comunes15. Sin embargo hay también testimonios de oyentes, que apreciaban a San Clemente y el alto nivel de sus sermones. Sophie Schlosser, una mujer de buena educación, decía: “Él predica de manera totalmente dogmática y a la vez sencillamente en el grado superior, de manera que también un niño puede comprenderlo, y a pesar de todo su predicación contiene el más alto nivel de sabiduría. Al mismo tiempo durante sus conferencias tenía un carácter tan bondadoso que espontáneamente se le toma cariño”16. Otro oyente xpresa en su opinión sobre los sermones de Hofbauer que eran increíblemente atractivos; la gente de todas las clases sociales se agolpaba para escucharlos y sacar provecho para su crecimiento. A pesar de que sus sermones eran sencillos, sin embargo causaban impacto en la gente de clases altas y las de una formación excelente17. San Clemente no tenía ningún talento retórico especial. Él predicaba con un acento extranjero, a veces buscando expresiones adecuadas. Los oyentes no podían reconocer ninguna construcción sistemática en sus sermones. Pero sin duda alguna les impresionaba el ver que el predicador confirmaba sus palabras con toda su existencia. Los sermones de San Clemente no tenían unas formas muy refinadas, pero, a pesar de todo, por medio de ellas se manifestaba un hombre con una intuición y psicología muy delicada. Por ejemplo, él dijo una vez: “Si un niño cae, queda tumbado en el lugar dónde cayó, no se mueve, llora y grita, y se ha hecho moretones; en cambio, un adulto se levanta y continua su camino”18. No conservamos los sermones del Padre Hofbauer. Frases destacadas de sus sermones han pasado de boca en boca y han lllehgado así a la historia. Él se preparaba para cada sermón a través de la oración; predicaba sobre la revelación de Dios para explicar su sentido en el tiempo nuevo. Su sermón no era ningún modelo elaborado, venía desde dentro de su corazón y era totalmente vivo. Su sermón no moralizaba, más bien el predicador salía del mensaje bíblico sencillo y trataba de anunciar la doctrina eclesiástica en expresiones claras19. Él sabía predicar la Palabra de Dios de manera arrebatadora, hasta el punto de que también los hombres más cultos eran arrebatados con sus sermones. Decían que el contenido de una palabra de su boca era suficiente para ellos para toda la semana. Los intelectuales simplemente notaban que hablaba un hombre que no trillaba fórmulas de cortesía, sino que hablaba desde la profundidad de su corazón. Él nunca había estudiado retórica. A sus predicaciones les faltaba absolutamente elegancia. Seguramente él no había leído a ninguno de los escritores profanos que usaban la lengua alemana. Él hablaba la lengua de sus oyentes de una manera no totalmente perfecta 14 O. Weiss, op. cit., p. 64. 15 Monumenta Hofbaueriana XIII, Toruń 1939, p. 39. 16 Monumenta Hofbaueriana XII, Toruń 1939, p. 269. 17 Ibid., p. 94. 18 A. Fenzl, Das pastorale Wirken Hofbauers in Wien, en: H. Schermann, Klemens Maria Hofbauer. Profil eines Heiligen, op. cit., p. 97. 19 R. Decot, Klemens Maria Hofbauer (1751-1820): zu seinem pastoralen Wirken, op. cit., p. 90. lingüísticamente, pero se mostraba como un verdadero discípulo de Cristo y por eso hablaba como uno que tiene poder. En esta época no era posible encontrar otro orador como él, cuyas palabras comunicaban cosas necesarias20. 2. La actividad pastoral de San Clemente como reacción al Iluminismo San Clemente María Hofbauer vivió en la época del iluminismo. En Austria, bajo emperador José II todo tipo de piedad popular era considerada inoportuna: las peregrinaciones, las indulgencias, la veneración de María, el culto de los santos, las confesiones, la comunión eucarística, el ayuno, el rosario y la manifestación pública de la fe católica desaparecía casi totalmente de la vida publica. Tampoco se podían tratar gran parte de los temas importantes de la doctrina católica tradicional. El sermón debía servir para la educación de las personas y la formación de los oyentes como ciudadanos útiles: en el centro de la predicación estaba la moral; el sermón sobre la fe no era deseado21. El iluminismo entendía a menudo que el hombre es sólo razón, que la fe no es más que un comportamiento moral y que la piedad requiere y supone una postura humana correcta. Pero la reforma de la Iglesia, según el emperador José II, atajaba también algunas excrecencias barrocas y costumbres supersticiosas. Tal reforma asignaba a la asistencia espiritual un significado central y para este fin creaba parroquias más pequeñas. Las reformas del emperador José II ponían también fuerte énfasis en la instrucción catequética y la educación sacerdotal. En esta situación San Clemente se sentía empujado a anunciar la riqueza del Evangelio de manera nueva22. Esta necesidad de proclamar el Evangelio de manera nueva exige que hay que adaptar los medios a la situación de las personas concretas, en las circunstancias y según sus posibilidades de comprensión de la verdad cristiana. En el trabajo pastoral los métodos, estrategias y teorías parecen ser indispensables. Sin embargo San Clemente María Hofbauer es un ejemplo convincente de que éstas tienen sus límites y presentan un valor relativo. Él actuaba con la fuerza de su fe y en la unidad profunda de la fe y la vida. Era un verdadero padre espiritual que colocaba en el centro no su propia persona y sus convicciones personales, sino los hombres que ponían su confianza en él. En su situación existencial él ha anunciado el Evangelio de manera nueva. Un padre espiritual verdadero tiene por una parte amor a Dios y a los demás, pero también tiene un instinto que le muestra lo que hay que hacer o dejar de hacer en un tiempo y en las circunstancias determinadas. San Clemente María Hofbauer después de su llegada a Viena sabía al instante a qué debería dedicarse. Él estaba en contra de algunas corrientes teológicas procedentes del Iluminismo protestante y todavía más en contra de las excrecencias pseudo-místicas en la teología y piedad católica y sobre todo contra una “racionalización” unilateral de la religión. San Clemente sin embargo tenía la comprensión de las reformas pastorales y administrativas iniciadas por el 20 A. Fenzl, op. cit., p. 98. 21 Ibid., p. 96. 22 R. Decot, Hofbauer in «Gespräch» und Auseinandersetzung mit seiner Zeit, op. cit., p. 65. emperador José II. El Padre Hofbauer era un sacerdote conservador que examinaba todo y se quedaba con lo bueno (cf. 1 Tes 5, 21). El deseo de San Clemente era realizar la vida interior en el espíritu de Cristo de manera nueva, con nueva fuerza, en las estructuras tradicionales de la Iglesia. En su carácter y en su piedad se encuentran también las tendencias del iluminismo. Él reconocía las necesidades del tiempo y asignaba gran importancia a la educación. En la síntesis entre una piedad popular general y una piedad “interior” él podía salir a un nuevo encuentro con el mensaje del Evangelio que debía ser predicado siempre de manera nueva. El iluminismo no veía más espacio para la fe católica apoyada en los dogmas, en el primado del papa y la jerarquía, sino en un cristianismo activo que tenía que identificarse en los hechos del amor al prójimo y en la severidad de costumbres. En el siglo XVIII la visión jansenista de la Iglesia se unía con el iluminismo católico. El Padre Hofbauer luchaba contra ambos. Él promovía un catolicismo que proclama los dogmas y actúa en la más estrecha relación con el papado en Roma y los obispos. Para nuestro Santo era muy importante que la Iglesia fuera un espacio que se puede experimentar vitalmente. Si bien, él tenía una mirada clara sobre las situaciones precarias de la curia romana, siempre acentuaba su fidelidad al Papa y a Roma. El signo más importante del iluminismo es la elevada valoración de la razón. Los iluministas creían que la razón tiene capacidades para conocer toda la realidad del mundo. La razón se hacía la instancia más importante en la naturaleza humana. Por eso la religión debía también ayudar a los hombres en la comprensión razonable y mejoría de ellos mismos y de la sociedad. San Clemente ponía al hombre en el centro de su actividad pastoral. Pero en su percepción, el hombre poseía no sólo razón, sino también alma y sentidos. Por esta razón él quería celebrar siempre el servicio religioso de manera muy solemne23. El Padre Hofbauer proclamaba la convicción que la gente tenía que ser tocada también en su ánimo para abrirse a la proclamación de la Buena Noticia. La belleza exterior del servicio religioso, la música, luz de velas y su esplendor debían causar impacto en las personas de tal forma que la hermosura de la liturgia les atrajera y les permitiera experimentar algo del misterio de Dios. San Clemente utilizaba formas tradicionales de piedad popular de la Iglesia barroca. La fe debe tocar también los sentimientos humanos y no puede ser reducida a un sistema de las reglas morales que debían servir al bien del estado. En el espacio de la vida social y estatal, la religión tenía que desempeñar un papel práctico. Todo tenía que ser sometido al criterio de la utilidad por un estado administrado de modo absolutista. También la Iglesia, cuyo significado era visto funcionalmente, debía promover la felicidad terrestre del hombre a nivel moral. La vida católica auténtica, en gran parte, estaba debilitada24. El clero de este tiempo estaba pagado con dinero que procedía del fondo religioso que controlaba la administración estatal. Por eso, los sacerdotes se identificaban más con sus relaciones y funciones públicas, como funcionarios del estado. Cada sacerdote tenía que cumplir muchas obligaciones, a menudo 23 R. Decot, Klemens Maria Hofbauer (1751-1820): zu seinem pastoralen Wirken, op. cit., p. 91. 24 A. Fenzl, op. cit., p. 78. agotadoras: no solamente religiosas sino también con sus tareas educativas, asistenciales con los pobres y enfermos, y otras diferentes determinadas en la legislación estatal. También el sermón debía tener como objetivo principal la formación de buenos ciudadanos. Por eso, se abusaba sobre el púlpito con instrucciones sobre cosas económicas, sanitarias y policiales. A causa particularmente del principio de tolerancia, no se debía predicar sobre cosas religiosas que podrían ofender seriamente a algún ciudadano25. San Clemente respondía a este desafío con un tipo de asistencia espiritual que se concentraba en la vida de la fe viva. Él no tenía ninguna parroquia en Viena, por eso él podía actuar independientemente del orden establecido por las oficinas estatales. Su objetivo principal era anunciar la Palabra de Dios según las reglas de los Redentoristas, es decir cumplir una tarea que sobrepasa la perspectiva de la vida terrestre. El Padre Hofbauer era para sus contemporáneos un modelo de la autentica vida interior. Su fe fuerte, como para mover las montañas resplandecía en grado excepcional26. En sus sermones y otras formas de actividad de carácter pastoral trataba de comunicar a la gente su propia experiencia religiosa. En sus sermones y prédicas hablaba del amor de Dios con un entusiasmo que caldeaba los corazones; sentía que nunca era suficiente hablar del amor de Dios, y lo recomendaba también a sus oyentes y penitentes27. Su predicación y toda su actividad pastoral eran un gran acto de la fe28. 3. El valor del método pastoral de San Clemente para el tiempo actual En la época del postmodernismo se quiere reescribir la historia de la humanidad desde el inicio. Lo que pasaba en el pasado, debe ser considerado como insignificante y definitivamente olvidado. Por otra parte se puede notar que nuestro tiempo postmoderno se parece mucho al iluminismo. A veces se habla de nuestra época como de un “nuevo iluminismo”. Por eso, podemos sacar la conclusión de que la pastoral de los siglos XVIII y XIX puede dar un importante impulso a la pastoral de hoy, ya que los pastores de hoy deben afrontar muchos problemas parecidos a los que tuvieron que afrontar San Clemente y sus cohermanos hace dos siglos. Por eso queda completamente justificado mirar los desafíos pastorales de nuestro tiempo en la perspectiva de la historia y dejarse inspirar pastoralmente por San Clemente Hofbauer. 3.1. La pastoral como respuesta para las necesidades del tiempo San Clemente tenía una comprensión profunda de los signos de los tiempo, es decir de los acontecimientos, necesidades y deseos de los hombres. En su época él veía signos verdaderos de la presencia o la voluntad de Dios. No diseñaba ningún plan pastoral, y sin embargo su actividad pastoral tenía manos y pies. Él era un hombre llevado por el Espíritu Santo. Veía la actualidad del 25 A. Innerkofler, Der hl. Klemens Maria Hofbauer als Prediger, en: H. Swoboda, H. Kirsch, Erster Homiletischer Kurs in Wien 1911. Vorträge und Verhandlungen, Wien – Leipzig 1911, p. 118. 26 Monumenta Hofbaueriana XII, op. cit., p. 25. 27 Monumenta Hofbaueriana XI, op. cit., p. 151. 28 J. Heinzmann, Św. Klemens Maria Hofbauer – «Homo Apostolicus», en: Św. Klemens Hofbauer: życie i dzieło. Materiały z Sympozjum Klementyńskiego, w WSD Tuchów, 2122 października 1986 r., Kraków 1987, p. 25. Espíritu de Dios también durante los acontecimientos y las situaciones en las que se encontraba. Los pastores de hoy están llamados reconocer en los signos de los tiempos cómo la vocación de Dios exige realizar el servicio pastoral en este mundo de manera nueva por la salvación de los hombres. San Clemente les señala qué hacer para nos ser derrotado por la mentalidad de una época, una moda pastoral o la tradición pastoral sin perspectivas. No es fácil entender plenamente la profundidad de la doctrina de papa Juan Pablo II expresada con estas palabras: “el hombre es el camino de la Iglesia”. Pero con ayuda de San Clemente se puede aprender cómo dejarse inspirar por los hombres. “El hombre” como un principio pastoral le permitía a él interpretar el carisma de los Redentoristas de tal manera que una “misión permanente” parroquial derive de las misiones populares, los predicadores se conviertan en educadores y docentes, y una práctica litúrgica fría y racionalista se convierta en la celebración de un culto alegre y solemne. La actividad pastoral de San Clemente puede convencernos que es algo importante conocer las necesidades de los hombres y entender bien la situación sus vidas. Sin ese elemento es muy difícil comunicar a la gente el mensaje del Evangelio en un modo eficaz. Los predicadores a veces utilizan conceptos no adecuados, no adaptados a la condición de sus destinatarios, y por eso su anuncio del mensaje de Jesús no tiene claridad y su enseñaza pierde sentido existencial. Sólo si un pastor conoce a los destinatarios de su servicio pastoral y se identifica con ellos, puede ejercer una influencia positiva sobre los oyentes, darles ánimo y llevarlos a un nuevo estilo de vida29. 3.2. El servicio para un crecimiento en la fe La época del iluminismo trataba de hacer de la fe un instrumento para levantar el nivel de vida y ayudar a guardar el orden estatal. Hoy también se quiere instrumentalizar la fe cristiana y hacerla útil para el estado. Se trata de convertirla en una instancia moral importante para la sociedad cuando otras instituciones fallan30. Se considera que la Iglesia debe hacer su trabajo caritativo con “medios pobres”31. La Iglesia es aceptada también hoy como una institución que contribuye al bien material y psíquico de la sociedad y, al mismo tiempo,una nueva cultura anticristiana se desarrolla intensivamente (cf. Ecclesia en Europa, 9). San Clemente, que era fiel a la misión salvadora de la iglesia, no se doblaba bajo la presión de los iluministas, que trataban utilizar la religión cristiana como un instrumento que debe servir al bien del estado y la satisfacción del gobierno. En el centro de su compromiso pastoral estaba siempre el hombre que anhela una profunda vida espiritual y está designado para la salvación eterna. La transmisión de la fe para San Clemente Hofbauer no era ninguna instrucción técnica en el estilo de un savoir vivre, ningún show retórico y ninguna lección moralizante. Él comunicaba el mensaje bíblico de manera sencilla para llevar los hombres a una relación más profunda con Dios. 29 T. Radcliffe, The Sacramentality of the Word, en: K. Pecklers, Liturgy in a Postmodern World, London – New York 2003, p. 142. 30 R. Marx, Das Kapital. Ein Plädoyer für den Menschen, München 2008, p. 61. 31 J. Gowin, Kościół w czasach wolności 1989-1999, Kraków 1999, p. 339. La fe se enciende siempre de la fe. La tarea principal de la Iglesia de hoy es facilitar a la gente el acceso a Dios y proporcionarles una experiencia que libera y supera al hombre. Sólo de esta experiencia deriva una nueva forma de vida, una nueva moral. La crisis del cristianismo no consiste en el hecho de que la Iglesia no se adapta a la mentalidad de tiempo moderno, sino que los cristianos de hoy tienen dificultades serias para entablar y mantener una relación vital con Jesús32. La sabiduría pastoral de San Clemente demuestra la importancia de anunciar a la gente la alegría de la vida con Cristo. 3.3. Importancia de los afectos en una “sociedad de impresiones” Para San Clemente el iluminismo era un desafío pastoral sobre todo por el motivo de que reducía al hombre a una naturaleza racional. Los iluministas tomaban en cuenta sólo lo que nacía de la razón humana y que podía convencer el intelecto humano. También en el suelo eclesiástico triunfaba un racionalismo seco que despreciaba sentimientos y intuición humanos como algo primitivo. San Clemente no pertenecía a aquel grupo de pensadores que no reconocían el valor del intelecto humano. Él sabía que los cristianos deben promover todo lo que es realmente católico y religioso, y que necesitan también la instrucción religiosa verdadera, es decir, la verdad divina que alumbra la razón humana y lleva a Metanoia, a la renovación de su pensamiento33. Él era consciente de que también ellos necesitan de ver y conseguir una experiencia de fe. El hombre no sólo es un intelecto viviente. Nuestra sociedad está descrita como una “sociedad de impresiones”. La filosofía de la vida de los hombres de hoy está marcada con la necesidad de hacer de su existencia una gran aventura infinita. Por eso los hombres de hoy van constantemente en busca de algo fascinante, interesante y hermoso. Ellos esperan encontrar su felicidad en el área de la estética y las emociones34. La postura de la gente de nuestro tiempo crea un desafío para los pastores, que tratan de ser sensibles a los signos de los tiempos, y de dar un nivel estético adecuado a la vida religiosa, sobre todo en la liturgia. Si bien, la estética no puede ser reducida a un medio de compensación de las necesidades humanas, sin embargo tiene que salir al encuentro del anhelo humano y seguidamente buscar una experiencia más profunda. Si los hombres buscan sólo emociones en la liturgia, se encuentran consigo mismos. Las celebraciones cristianas abren a las personas la posibilidad de encontrarse con Dios. En esta situación aparecen sensaciones e impresiones que acompañan la celebración litúrgica como un espacio de belleza. En el servicio religioso las emociones humanas no son oprimidas, sino liberadas y transformadas35. Las emociones no son un fin de la fiesta litúrgica. Sólo Dios puede satisfacer los más profundos deseos humanos y únicamente Él puede satisfacer la necesidad de la felicidad verdadera. Así entendía San Clemente el sentido de la liturgia y su magnífica organización, porque era la que debía tocar al hombre en su totalidad con su razón, todos sus sentidos y sensaciones. 32 K. Armbruster, Von der Krise zur Chance. Wege einer erfolgreichen Gemeindepastoral, Freiburg i. B. 1999, p. 51-52. 33 A. Innerkofler, op. cit., p. 120. 34 G. Schulze, Die Erlebnisgesellschaft. Kultursoziologie der Gegenwart, Frankfurt a. M. 1993, p. 14. 35 P. Cornehl, Erlebnisgesellschaft und Liturgie, „Liturgisches Jahrbuch” 4 (2002), p. 253 3.4. La formación y activación de los cristianos laicos No hay Iglesia sin laicos activos, christifideles que se sientan responsables por la vida y la actividad del pueblo de Dios. Después del Concilio Vaticano II lo dicho anteriormente es tan natural, como el movimiento de la tierra alrededor del sol. Cada cristiano sabe que la tarea de los christifideles es comprometerse en la vida social y política, pero también directamente en la proclamación del Evangelio y en la pastoral en las parroquias (Christifideles Laici, 30). Hace dos siglos, San Clemente Hofbauer ya era consciente de que la actividad de los laicos comprometidos es muy importante para la proclamación del Evangelio en la sociedad que se seculariza. Por este motivo él predicaba no sólo para las masas en las iglesias, sino que sacrificaba mucho de su tiempo en conversaciones personales. Él organizaba pequeños grupos de laicos dispuestos a desarrollar su actividad apostólica en la sociedad iluminista, a menudo anticristiana y anticlerical. Hoy vivimos también en un nuevo iluminismo y en una “nueva cultura” que tienen claras tendencias anti-cristianas. El proceso de la secularización, que pasa automáticamente, viene acompañado por una laicización que se inicia y se lleva a cabo muy conscientemente desde determinados centros. La hostilidad hacia la Iglesia actual pretende limitar la presencia de la fe cristiana en la sociedad y los valores tradicionales que derivan de ella. Se quiere encerrar la fe en la sacristía, es decir, en el ámbito eclesiástico como en un ghetto36. Si la Iglesia quiere reaccionar de manera efectiva ante tal realidad, necesita también hoy laicos comprometidos que defiendan valientemente la “cosa de Jesús” en la vida pública. La iglesia tiene que hacer sentir su “voz pública, secular” en la sociedad de hoy. La proclamación del mensaje cristiano exige de cristianos “mundanos” que den un testimonio convincente de la vida de la fe en Cristo no sólo en el nivel intelectual, sino también ético37. Esto se puede esperar de los laicos solo en situaciones en las que los pastores – según el ejemplo de San Clemente – permanecen fieles a la tradición católica. Ellos tienen que anunciar, sin miedo a perder popularidad y alzando la voz, la verdad de Cristo, no limitándose solamente a algunas nociones especializadas teológicas que suenan incomprensible para la gente de hoy. Los pastores tienen que estar dispuestos a comprometerse con todos los medios en la educación de los christifideles. San Clemente puede inspirar tal actitud a través de su disposición a mantener infatigablemente conversaciones sobre cuestiones de fe, formar grupos pequeños y organizar círculos de personas aún más amplios con ayuda de los medios de comunicación. Solo así la Iglesia de hoy estará siempre dispuesta a dar razón de su esperanza delante de aquellos que le piden cuentas (cf. 1 P 3,15). 3.5. Pastor como el “mejor método” de la pastoral La mentalidad tecnicista, típica para las personas de hoy, influye también en la comprensión de la práctica pastoral. Se refleja en la elaboración de nuevos métodos y se propone las soluciones técnicas determinadas que harán la 36 J. Mariański, Czy zakrystia wystarczy do działalności Kościoła?, w: M. Rusecki, Problemy współczesnego Kościoła, Lublin 1996, p. 44. 37 D. V. Twomey, The End of Irish Catholicism?, Dublin 2003, p. 71. actividad pastoral de la iglesia más fértil. En este sentido se habla de una reestructuración, de un management parroquial, de un desarrollo de las comunidades, de una pastoral con el uso de medios cibernéticos, etc. Naturalmente no todo está equivocado o es inoportuno en la elaboración de borradores y métodos para la actividad pastoral. Sin embargo puede suceder que los métodos técnicos sustituyan lo que debería ser más importante: la pastoral significa acompañar a la persona en el camino hacia el Reino de Dios en nombre de nuestro Creador y Redentor. Existe en la mediación real y práctica de la fe que se realiza en una relación viva entre Dios y el ser humano. La pastoral no es, sobre todo, un efecto de una concepción teorética o método, sino que se funda en una personalidad abierta del pastor que vive su fe madurada y se preocupa por las necesidades de los hombres38. Esto se hace patente en la persona de San Clemente Hofbauer, que era un pastor de fe profunda, es decir, vivía en una relación intensa con Dios. Los testigos informaron de que el Padre Hofbauer era tan transparente para Dios que la gente decía: “Es suficiente que él mire a los hombres y ellos creen en Dios en seguida”39. San Clemente no trataba de adaptarse a los borradores más modernos de su tiempo. Al contrario, él no era un predicador moderno que predicaba sobre los diferentes problemas que atañían la área de salud o las obligaciones de estado. Él predicaba con fuerza sólo lo que está escrito en el Evangelio. La “rectitud política” era completamente ajena a él. Él predicaba la verdad cristiana plena sin dejarse limitar por el padrón de la tolerancia iluminista que mandaba debilitar todo el contenido específicamente católico para no ofender a ningún círculo de los racionalistas40. Él no tenía miedo de que se le tratase de instigador o propagandista. Toda la fuerza de su convicción surgía de la fe. Él no se dejaba limitar por la “técnica pastoral”, por ejemplo, por las reglas de homilética u ornamentos de retórica. Su celo apostólico insólito se nutría de los conocimientos minuciosos de la Sagrada Escritura, de los Padres de la Iglesia y del catecismo romano. Su actividad pastoral era tan fértil porque se apoyaba sobre el fundamento de su oración personal y estudio permanentemente del mismo libro: su Salvador y Señor crucificado41. Así San Clemente es buen ejemplo de que el mejor método pastoral es ser un pastor de fe profunda y apasionante. * * * La frase favorita de San Clemente: “El Evangelio tiene que ser anunciado de manera nueva” hoy tiene diferentes variaciones. La nueva evangelización o re-evangelización no sólo necesita nuevos métodos y nuevos ámbitos de vida, sino también personas nuevas que estén – como Jesús – llenas del Espíritu de Dios y preparadas dar respuesta a las preguntas existenciales de la gente contemporánea con el mensaje de Cristo. San Clemente Hofbauer es un 38 R. Decot, Klemens Maria Hofbauer (1751-1820): zu seinem pastoralen Wirken, op. cit., p. 93. 39 J. Heinzmann, op. cit., p. 20. 40 A. Innerkofler, op. cit., p. 118. 41 Ibid., p. 128. modelo típico de esta clase de pastor. Él no sólo nos muestra cómo se deben tratar determinados problemas pastorales, sino también cómo una vida de fe intensa, la fidelidad a la Iglesia y la comprensión de las necesidades de las personas concretas es importante para cada pastor. El Evangelio no tiene que ser anunciado de manera nueva a causa de las noticias superficiales que inundan al ser humano, sino entrando en sintonía con la obra del Espíritu Santo que siempre renueva la faz de la tierra y transforma al hombre viejo en una criatura nueva. Si un pastor se confía al Espíritu de Dios, Él le transforma en un evangelizador apasionado como San Clemente.

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San Alfonso y la Inmaculada Concepción.

Jan 23, 2014 0

Los años de 1708 a 1713 (recordemos que San Alfonso nació en 1696) son para él los años de la universidad. Don Giuseppe, padre de nuestro santo que tanto valoraba sus cualidades intelectuales y su capacidad de trabajo, sabía también de las grandes posibilidades que el derecho abriría a su primogénito para la obtención de puestos de mando y ministerios. De ahí que nuestro joven Liguori fuera orientado hacia la abogacía. A sus doce años, Alfonso franquea el umbral de los Studi pubblici napolitanos. Cinco años de estudio le conducirán a obtener el doctorado en derecho civil y canónico. El 21 de enero de 1713, cuando cuenta con sólo 16 años, Alfonso es habilitado “para alegar, interpretar y exponer entrambas leyes” y declarado “doctor en ambos derechos“. Para esta sesión de ingreso al Colegio de los Doctores se marcaba un significativo gesto, impregnado del hondo sentido cristiano que España había grabado en los actos públicos del imperio, que obligaba a rubricar el catolicismo del nuevo doctor con dos confesiones francas y cordiales: una, la explícita proclamación de su fe, encerrada en una fórmula larga y detallada; otra, la aceptación pública y corporativa del misterio de la Inmaculada Concepción de María. No sin emoción, en ese sábado volvió Alfonso el pensamiento a María y pronunció el juramento que le transformaba en ‘caballero de María’:

“Yo Alfonso María, humildísimo siervo de la siempre Virgen María Madre de Dios, postrado a los pies de la Majestad Divina y en el acatamiento de la inefable Trinidad de un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, e invocando reiteradamente el testimonio de todos los moradores de la Jerusalén celestial, creo fielmente con la mente y abrazo de verdad con el corazón y proclamo firmemente con los labios que Vos, Madre de Dios, siempre Virgen, por singular privilegio del mismo Dios omnipotente fuisteis preservada enteramente inmune de toda mancha del pecado original en el primer instante de vuestra Concepción, o sea, de la unión de vuestro cuerpo y alma. Pública y privadamente, hasta el último aliento de mi vida, esto enseñaré y con la ayuda de Dios y en cuanto yo pueda procuraré que los demás enseñen y defiendan. Así lo testifico, así lo prometo, así lo juro, y que así Dios me ayude y sus santos Evangelios”.

Precindiendo de estos formalismos legales, que de alguna manera se imponían por doquier, San Alfonso asumió en su vida de una manera única, como profunda convicción y vivencia, la doctrina de la Inmaculada Concepción de María. Más allá de tornarse para él en algo superficial o anecdótico, puede decirse que la fe en la Inmaculada Concepción de María forma parte de la temática recurrente en los escritos alfonsianos. El P. Tellería, gran conocedor del Santo, llega a hablar del Papa y la Inmaculada como “sus temas favoritos”.

No es extraño, pues, encontrar a lo largo de la vida de Alfonso referencias continuas a la Inmaculada, como su espontánea expresión de “¡Viva la Trinidad y la Inmaculada!” con la que se dirige a una religiosa en una carta del año 1744 o la recomendación que hace a un novicio del nuevo Instituto para que se encomiende a la Madre de Dios:

“Y si se sintiere resfriado en su propósito, acuda al punto a María Inmaculada: ‘Madre mía Inmaculada, no me desamparéis ahora: dadme fuerza para ser fiel a Dios’”.

Igualmente, cuando en 1745 publique San Alfonso su celebérrima obra Visitas al Santísimo, la dedicará a la Inmaculada “para que las almas se enamoren con más fuerza de Jesús Sacramentado”.

En sus Anotaciones a la Medula de Teología Moral del jesuita Busenbaum, primer ensayo en el cual Alfonso perfilará su genio de moralista y que data del año 1747, aparecen también los temas ya referidos del Papa y la Inmaculada. Este último, el privilegio mariano de la Inmaculada Concepción, encuadrado en el tratado de las censuras, lo enfoca no sólo con razonamientos teológicos y canónicos, sino con ráfagas de cariño. Esto se hará aún más patente en el cierre del libro, que refiere:

“Alabanza, honra, gloria y bendición a nuestro amantísimo y amabilísimo Salvador Jesucristo y a la dulcísima y piadosísima Virgen Inmaculada María”.

Esta sensibilidad del Fundador no pudo menos que propiciar que el nuevo Instituto, aprobado por Benedicto XIV en febrero de 1749 y reunido en capítulo general en Ciorani en otoño del mismo año, dejara claro que la patrona principal del Instituto es la Inmaculada, si bien San José es su segundo patrón. Este patronazgo mariano no sólo nacía de San Alfonso y del calor de la devoción de los capitulares, sino también de la campaña concepcionista promovida ese año en todo el reino de Nápoles.

Mientras el movimiento jansenista revolucionaba la vida de la Iglesia saltando por encima de la jerarquía oficial, oponiéndose enérgicamente a los excesos del culto mariano y mostrándose ‘tacaños’ en reconocer y festejar verdades comúnmente recibidas como la Inmaculada y la Mediación, San Alfonso publica en otoño de 1750 Las Glorias de María, precisamente para contrarrestar estas ideas del ambiente. A estas razones externas y ocasionales se sumaban otras interiores de mayor trascendencia: Alfonso se sentía verdaderamente hijo de María y ligado a Ella por entrega irrevocable:

“Bien sabéis que toda la esperanza de mi salvación eterna la he depositado (después de Cristo) en vuestras manos, puesto que de las mismas reconozco haberme venido todo linaje de bienes: mi conversión, mi vocación al claustro y cuantas mercedes me ha dispensado el Señor”.

A la primera parte de esta obra, engarfiada en la Salve, sucedían en la segunda nueve discursos para las fiestas principales de la Virgen, siete reflexiones acerca de cada uno de sus dolores, exhortaciones a imitar sus diez principales virtudes, exposición de diez selectos obsequios, más un apéndice de ejemplos, coronitas, oraciones y poesías.

Alentaba en esta segunda parte la misma filial devoción de la primera. Pero no se dejó arrebatar del lirismo, sino que ahondó en los cimientos teológicos y con los sillares de la tradición fabricó discursos sólidos y bien trabados. Precisamente el de la Inmaculada marca una piedra miliar en el avance del dogma hacia la definición. No hay que olvidar que nuestro santo escribe un siglo antes de que Pío IX defina el dogma en 1854. Y, sin embargo, nuestro santo ya afirma entonces: «La tengo por cierta y aun definible de fe».

En efecto, el día 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX definía como dogma de fe la doctrina de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. Lo hacía durante una de las mayores solemnidades celebradas en la gigantesca basílica vaticana, al tiempo que promulgaba la célebre bula Ineffabilis Deus. Aquella definición despertó un júbilo inmenso en el mundo católico. También los redentoristas exultaron de alegría, ya que San Alfonso, su fundador, se había destacado siempre como uno de los mayores paladines de este singular privilegio mariano. En efecto, como hemos tenido ocasión de ver, Alfonso contribuyó con su palabra hablada y escrita al esclarecimiento y definición de este dogma mariano. Así lo declararon expresamente varios teólogos consultados, entre ellos el Card. Arzobispo de Reims Tomás Gousset en su obra La croyance de l’Église touchant l’Immaculee Conception, editada en París en 1855, que cita un texto en el que San Alfonso jura que daría su misma vida por defender la Inmaculada Concepción de María:

“Je suis prêt à donner, ô Marie! et je jure de donner même ma vie s’il le faut, pour défendre le grand et unique privilége de votre Immaculée Conception”.

* * *

Queremos terminar este breve recorrido con unas preciosas palabras del P. Tellería que, con un estilo y acento propios que hoy nos resultan quizá algo exagerados, exclaman entusiasmadas a propósito de la aportación dogmática de nuestro santo:

“La Inmaculada, propugnada y cantada por San Alfonso en otros escritos dogmáticos y poéticos, se ve ceñida con Las Glorias de María de una corona que prenuncia la fulgente diadema que había de ceñirle la bula Ineffabilis… San Alfonso es, con efecto, astro poderoso en el cielo de la teología dogmática; lastimosamente, algo desconocido es este aspecto de su rica personalidad. Doctor de los tiempos modernos ha sido y debe ser proclamado, no sólo porque en razón del tiempo es el más próximo a nosotros, sino más aún porque ha enfocado sobre las objeciones y prejuicios modernos los destellos de su inteligencia y el volcán de su corazón”.

Carlos S. de la Cruz, CSsR

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FUENTES

CARD. GOUSSET, La croyance générale et constante de l’Église touchant l’Immaculée Conception de la Bienheureuse Vierge Marie, París 1855, 95. Accesible en Google Books

R. P. TELLERÍA, Un Instituto Misionero. La Congregación del Santísimo Redentor en el Segundo Centenario de su Fundación (1732-1932), Perpetuo Socorro, Madrid 1932, 34-35.

R. P. TELLERÍA, San Alfonso María de Ligorio. Fundador, obispo y doctor (I), Perpetuo Socorro, Madrid 1950, 23-40.362.366.420-421.479.541-554.

J. B. MICHELOTTO, Reseña histórica de la Congregación del Santísimo Redentor (1732-1986), Secretariado de Formación Redentorista, 1982, 118.

T. REY-MERMET, El Santo del Siglo de las Luces. Alfonso de Liguori (1696-1787), BAC, Madrid 1985, 58-71.

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Redentoristas ucranianos en ‘La Vanguardia’

Jan 23, 2014 0

 

La Vanguardia, periódico de alcance nacional editado en Barcelona y que cada día vende más de 200.000 ejemplares, sacaba recientemente a la luz dos artículos que se hacían eco de la ‘nueva’ realidad de ortodoxos y grecocatólicos en la Ciudad Condal.

En dichos artículos, se dedica un buena parte al grupo de ucranianos grecocatólicos de nuestro Santuario del Perpetuo Socorro, en la calle Balmes. En ellos se transcriben las palabras del P. Iván Levytskyy, redentorista ucraniano venido a España precisamente para trabajar con los inmigrantes ucranianos de Barcelona.

Recogemos a continuación algunos de los párrafos más significativos de los artículos a los que hemos aludido:

Aunque el padrón tiene inscritos a 2.718 ucranianos… hay en Barcelona y alrededores unos cinco mil. En Ucrania hay fuerte presencia ortodoxa, pero buena parte de los ucranianos de Barcelona y Cataluña son grecocatólicos (se estima que el 80%), pues la principal oleada migratoria procede del oeste del país, frontera con Polonia, donde la atmósfera es más católica.

[...]

… El sacerdote ucraniano Iván Levytskyy, que desde septiembre del 2008 atiende a otro grupo de ucranianos grecocatólicos en el santuario redentorista del Perpetuo Socorro, en la calle Balmes, añade:

“Hay personas catalanas que tienen cuidadores ucranianos y que primero no comprenden por qué los ucranianos dedican su tiempo a ir a la iglesia, pero luego algunas de esas personas están volviendo también a la iglesia”.

Iván Levytskyy llegó en misión a Barcelona, después de que el superior provincial de los redentoristas alertara a su homólogo en Kiev de que crecía el número de ucranianos en Catalunya.

Vinieron en busca de trabajo –ellos en la construcción, ellas en cuidado de niños y ancianos, y en otras tareas–, son en su mayoría familias, y el 60% posee estudios universitarios.

“La divina liturgia forma parte de la cultura ucraniana; en Navidad, por ejemplo, el sacerdote bendice pan y da un pequeño trozo a cada familia, que lo come en casa; es una continuación de la liturgia en el hogar”, explica Levytskyy.

Su grupo jugó al fútbol el pasado lunes con la comunidad ucraniana de Tarragona, feliz de poder celebrar su liturgia cada domingo en la iglesia de Sant Pau, que les cede para la ocasión el Arzobispado de Tarragona.

Los miércoles, día dedicado a la Virgen, en el santuario redentorista rezan el rosario, y vecinos del Eixample escuchan letanías en ucraniano, que no entienden, pero cuyo valor litúrgico perciben. La liturgia dominical tanto en el Perpetuo Socorro (9.30 h) como en Santa Mònica (10 h) es en ucraniano, bella, sentida y digna de verse.

“El tercer domingo del mes, después de la misa, tomamos café y pastel juntos –explica el sacerdote ucraniano Ivan Levytskyy, que atiende a grecocatólicos de rito bizantino en el santuario del Perpetuo Socorro–. Es el momento de compartir alegrías y dificultades”.

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Un día en el monasterio

Jan 21, 2014 0

En esta ocasión, aunque ya os he hablado antes de las facetas más importantes de la vida contemplativa, os quiero dar a conocer cómo es exactamente un día en nuestra Comunidad.

Nuestra vida es muy sencilla, es más para vivir que para hablar de ella… sin embargo, la experiencia gozosa de encuentro con Cristo y de dedicar toda nuestra existencia a Él y al anuncio del Reino, nos impulsa a compartir contigo nuestro estilo de vida.

A las seis y cuarto de la mañana las campanas anuncian que comienza un nuevo día, que la vida se despierta y mientras las luces de la ciudad se van apagando porque el sol está a punto de nacer, nosotras comenzamos nuestra jornada levantando el corazón hacia el Señor de la Vida… Nos reunimos para invocar al Espíritu y saludar a María, y después, en silencio, nos retiramos al fondo de nuestro corazón para orar.

Del silencio brotará el canto, y la oración de Laudes será nuestra alabanza al Dios Creador del cielo y de la tierra. La Eucaristía será el banquete con el que comenzamos la jornada. La Palabra, los cantos, la comunión en el Cuerpo y la Sangre de Cristo convierten nuestra vida en EUCARISTIA VIVA, pan partido y sangre derramada.

La mañana transcurrirá entre el trabajo y la oración: “ora et labora”. Oración litúrgica: Oficio de Lecturas, Sexta… y en medio, cada una a sus tareas: sacristía, cocina, oficina, hospedería… a las doce las campanas comienzan su danza para recordar el misterio de la Anunciación a María, de la Encarnación del Hijo de Dios, y el rezo del Ángelus brota de nuestros labios y de nuestro corazón… un tiempo personal y un tiempo de lectura continúan alimentando el fondo del ser y del espíritu…

Después de Sexta y un breve saludo a María, la Madre, pasamos al comedor. Una hermana lee el periódico en voz alta, algún libro de espiritualidad, cartas que llegan a la comunidad… Después tenemos un tiempo de expansión, de compartir, pasear por el jardín y

disfrutar de la naturaleza que nos habla de la belleza de Dios… quien desee libremente pasa por la televisión para ver las noticias, y así estar en comunión con todo lo que pasa en el mundo, en nuestra Humanidad. A las cuatro de la tarde, antes de incorporarnos nuevamente al trabajo, rezamos Nona, hora en la que recordamos la muerte del Señor Jesús, y en un minuto de silencio nos solidarizamos con tod@s l@s crucificad@s de la tierra… especialmente con los agonizantes.

 Comienza el trabajo de la tarde. “Nuestro trabajo unido al de Cristo, tiene valor redentor. En ello encontramos una alegría profunda”, dicen nuestras Constituciones. Somos así, “uno de tantos” corremos la suerte de las trabajadoras, al mismo tiempo que consideramos el trabajo como un factor de equilibrio en la vida contemplativa, a través del cual cada una de nosotras ponemos al servicio nuestros dones…

 Al caer la tarde, nos reunimos en el coro nuevamente… ¡para cantar!… llega la hora de la oración de Vísperas: la alabanza, la intercesión, la acción de gracias, brotan de los labios y el corazón… y preparan todo nuestro ser para la adoración… ante Cristo, resucitado, de corazón abierto, oramos en silencio…

 Llega la hora de la cena. Las lecturas de la Eucaristía del día siguiente resuenan por todos los rincones del comedor y del alma.

 Y nuevamente, a compartir, reír, conversar… tiempo de descanso y relax… así vamos terminando nuestro día. El último momento de oración, serán las Completas,: “A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu…” , y toda nuestra vida, en las manos del Padre, se entrega al sueño que reparará nuestras fuerzas para continuar haciendo de nuestra vida un canto a la Vida, y un compromiso de entrega a Dios y a toda la Humanidad.

Cada día nos trae nuevas sorpresas: una visita de un amigo/a, alguien que nos comparte su experiencia en una misión, el santo o cumpleaños de una hermana, una fiesta de la Liturgia, rompen lo que a simple vista pudiera parecer una vida siempre igual. Estos días de fiesta, al igual que los domingos, son siempre diferentes, conversamos en la mesa, tenemos más tiempo libre…

Las puertas de nuestra casa, que se abren para acoger a todas aquellas que buscan a Dios, (niños, jóvenes, adultos…) laicos o religiosos… renuevan nuestra conciencia misionera, al tiempo que abrimos el corazón para acoger a quienes nos evangelizan… Los talleres de oración nos hacen testigos de la sed de Dios que hay en nuestro mundo, y también de su obra maravillosa.

 Después de haber conocido un día en el Monasterio…

Te invitamos a compartirlo con nosotras.

 A VOSOTROS, JÓVENES

¿Qué puede decir una joven monja contemplativa a los jóvenes de nuestro tiempo?. En primer lugar, no pretendo dar ningún sermón, pero sí quiero poneros delante unas metas y unos valores, que os pueden llenar de felicidad y de ilusión hacia una aventura única y verdadera.

Es estúpido jugar a esconderse de la mirada de Dios. Él quiere a sus jóvenes hechos luz, luz que alumbre a todos, luz de buenas obras, gente comprometida en la gran tarea de hacer un mundo mejor. Pero esa luz tiene que brotar del Evangelio para que tenga fuerza para alumbrar al mundo entero.

Hay valores importantes para la vida de una persona que no podemos olvidar y de los cuales no podemos desentendernos. Por ejemplo la verdad, es un valor que se va perdiendo, hoy nadie se fía de nadie. En cambio la libertad se reclama y se exige, pero no la verdadera libertad, sino una caricatura de ella llamada “libertinaje”. Jesús lo dice en el Evangelio: «La verdad os hará libres», ella es la única que puede dar la verdadera libertad. La verdad es el grito más profundo de libertad que puede vivir una persona.

Personalmente os comparto que en nuestra vocación contemplativa he descubierto grandes valores: que es más importante lo que una persona es que lo que hace, dar que recibir, compartir, la belleza de lo pequeño, el valor de lo gratuito, que lo que cuenta es lo que uno lleva dentro y no la imagen que podamos dar…

Si viviéramos la verdad, nuestra vida sería luminosa porque tendríamos verdad en las palabras, en las sonrisas, en el trabajo, en las relaciones interpersonales, en la alegría y en el amor.

La mayoría de los jóvenes de hoy, dicen a menudo esta expresión: «paso», y en sus vidas la van repitiendo con frecuencia. Creo que esto no es una apatía, es sencillamente que no siempre se les han transmitido valores hechos vida, algo por lo que valga la pena vivir y luchar por ello.

Hay en la vida una motivación por la que merece la pena arriesgarse: CRISTO, su vida y su mensaje. Él es el CAMINO a seguir, la VERDAD que libera y la VIDA que llena de felicidad.

¿Te atreves a embarcarte en esta gran aventura? ¡¡Ánimo, jóvenes, nuestro mundo os necesita. La Iglesia orante os acompaña y confía en vosotros!!

¿TE ANIMAS?

Nuestra Comunidad está abierta a todas aquellas jóvenes que queráis conocer más de cerca la vida Contemplativa y, en concreto, nuestro carisma Redentorista.

¡Qué…! ¿Te gustaría conocernos?

¡¡PUES TOMA NOTA!!

CONTACTO

Nombre del contacto: Mª Ángeles Trabalón Morilla

Puedes escribirles aquí:

Mª Ángeles Trabalón Morilla, OSsR

Dirección y teléfono

Comunidad Contemplativa Redentorista

C/. Madre Celeste, 1-A

28044 Madrid

TELÉFONO: 91.508.68.00

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Monasterio del Cristo Redentor – La oración

Jan 21, 2014 0

Una de las características principales de la vida contemplativa, que la definen y marcan, es la vida de «recogimiento y silencio».

«el silencio es un valor esencial de la vida monástica, a la que debe acompañar siempre una exigencia de desierto, de soledad, y de paz. El silencio libera el alma, y la abre a las profundidades del misterio de dios y a la intimidad con él. no es, ante todo, aislamiento y ausencia de palabras, sino presencia amorosa ante dios, al mismo tiempo que delicada atención a la presencia de los otros, por una actitud que les permita recogerse y orar.» (CONST. 46, OSSR)

Cuando algún grupo de jóvenes se acerca a nuestro locutorio y nos pregunta acerca del silencio, al decirles que hablamos, salvo en las recreaciones y los días de fiesta, solo lo necesario, lo toman como algo imposible e inhumano. Y no es así. Todo lo contrario. Al principio cuesta. Me resultaba muy difícil no poder contar algo que me había ocurrido, un simple comentario de alguna lectura o de alguna otra cosa…Personalmente he tardado bastante tiempo en comprender que la vida de oración contemplativa necesita un clima apropiado donde el alma pueda comunicarse y conectar con Dios, no sólo durante el tiempo dedicado a la oración, sino durante todas las horas de la jornada diaria. De esta forma dejamos que la Palabra de Dios resuene en nosotras. Debo confesar que todavía me queda mucho camino en este sentido.

LA ORACIÓN

«No es otra cosa oración mental, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama.» (Sta. Teresa)

Ese «estar muchas veces a solas con quien sabemos nos ama» es el quehacer más importante de una monja contemplativa. Conocer a Cristo, para vivir como Él vivió. El conocimiento la lleva a la amistad y configuración con su Persona por medio del amor, un amor que hace suyos todos los intereses y los deseos del ser amado, hasta llegar a tener los mismos sentimientos de Jesús.

La oración va cambiando la vida del que ora, a veces de una manera lenta y progresiva. Nadie que comienza vida de oración y que trata de ver a Dios, conocerle y amarle, con el paso del tiempo no adquiere otro talante ante la vida. Dios ilumina el corazón y al mismo tiempo exige entrega, generosidad y fidelidad.

La monja contemplativa con su oración viene a ser como “un cable telefónico”, que acerca lo que pasa en el mundo a los oídos del corazón de Dios.

Actualmente hay mucha inquietud por la oración, son muchas las personas que se unen formando grupos para orar, sienten esa necesidad que es vital y que comprueban que les vale para seguir luego luchando con las realidades y problemas de cada día, también se dan cuenta que sus vidas van cambiando y que tienen más paz y son más felices.

En nuestra Comunidad todos los miércoles, se reúne un grupo de personas que oran con nosotras durante una hora y después compartimos todos la celebración de Vísperas.

Dios es la Roca y por la oración nos agarramos a ella, seguros de que nadie podrá separarnos de ella.

ASÍ VIVIMOS LA ALEGRÍA

¿Cómo se vive la alegría en un Monasterio? Este apartado tiene un fin: dar a conocer la alegría que se vive aquí, en ésta mi Comunidad, de dónde proviene este gozo y cómo traspasa los grandes muros del Monasterio.

Este Monasterio de Contemplativas Redentoristas es una Comunidad alegre, con una alegría que contagia y que habla por sí misma. A través de las hermanas, de su alegría, se puede descubrir los guiños constantes que nos hace Dios. Somos muy felices porque intentamos vivir cumpliendo la Voluntad del Padre, dejándonos amar por Él. Desde bien temprano, empezamos nuestro día alabando al Señor, anunciando su Misericordia, y nuestro espíritu se alegra en Él, porque como en María: “…ha mirado la sencillez de su esclava”.

Muchas personas que se acercan a nuestro locutorio para visitarnos, se admiran y nos dicen que les impresiona nuestra alegría. Un alegría, dicen ellos, que sale de dentro y no es fingida. Y es verdad, esa alegría es una alegría serena, que ilumina y alimenta nuestra vida. Es una alegría que quiere ser luz y amor para ofrecérsela a toda la humanidad, y comunicarla a todos.

La alegría o el gozo, es uno de los frutos del Espíritu Santo. Pero crece en la renuncia y se alimenta con el darse continuamente a los demás.

La alegría que vivimos quiere ser ese testimonio vivo de que seguir al Señor es encontrar la plenitud, el amor, la alegría, la unidad.

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Monasterio del Cristo Redentor

Jan 21, 2014 0

Libres para amar y seducidas por el Amor, como el apóstol podemos decir: lo que hemos visto, lo que hemos contemplado, os anunciamos

MONASTERIO DE CRISTO REDENTOR

El Monasterio está ubicado en el distrito de Carabanchel (Madrid). Se levanta como un remanso de paz y fortaleza en el corazón de un barrio, pobre a los ojos del mundo, pero rico a los ojos de Dios.

Un grupo de Hermanas Contemplativas Redentoristas, venidas desde Francia con intención de fundar un nuevo Monasterio en la ciudad de Granada, fueron las promotoras de este nuevo proyecto. Los problemas de espacio para una Comunidad Contemplativa, hicieron que sus ojos mirasen hacia Carabanchel en 1904.

Estos son, a grandes pinceladas, los orígenes del Monasterio.

El Monasterio de Cristo Redentor está habitado por una Comunidad Contemplativa: las Monjas de la Orden del Santísimo Redentor, fundada por Mª Celeste Crostarosa y S. Alfonso Mª de Liguori en 1731 en la ciudad de Scala (Italia). Dedicadas íntegramente a la contemplación, mediante la alabanza, la acción de gracias y la intercesión por todas las necesidades de nuestro mundo, nuestro carisma es el ser VIVA MEMORIA de Cristo (dejarle a Él que viva en nosotras, hacerlo todo con Él y como Él).

El hábito que nos distingue de las demás Órdenes Contemplativas, es, de color rojo, según se lo indicó el Señor a nuestra Madre Fundadora, como símbolo del Amor de Dios a la humanidad.

Actualmente la Comunidad está compuesta por catorce monjas. Dedicamos la mayor parte de la jornada a la oración y la alabanza. Esta vida contemplativa que nos ha caído en suerte es más para vivirla que para contarla. Es una vida en Dios y para Dios, que se desenvuelve en la oración, el silencio, en el trabajo y ocupaciones domésticas, con un gran sentido de fraternidad…castidad, pobreza y obediencia. La vida comunitaria que vivimos quiere ser como un reflejo de la vida oculta de Jesús en Nazaret.

Y en la vida de oración asumimos la faceta de Jesús orante. Llevamos presente a toda la humanidad y hacemos nuestras sus alegrías y tristezas, sus gozos y esperanzas. Esta unión con el Señor tiene su máxima expresión en la alegría que vivimos y reina en esta comunidad, fruto de una felicidad que no es comparable con nada.

ASÍ ES NUESTRO TRABAJO

Me gustaría, en esta ocasión, daros a conocer una de las muchas facetas que enriquecen a la vida contemplativa. Se trata del trabajo monástico como medio de subsistencia y como fuente de espiritualidad.

Me gustaría, en esta ocasión, daros a conocer una de las muchas facetas que enriquecen a la vida contemplativa. Se trata del trabajo monástico como medio de subsistencia y como fuente de espiritualidad.

Dedicamos gran parte de la mañana y de la tarde al trabajo como medio de vida. Manos en el quehacer, corazón y mente en el Señor y en nuestro mundo. Trabajo de oficina, trabajos domésticos… todo cuanto realizamos lo hacemos para asegurar nuestra subsistencia y para poder compartir con los necesitados, que son muchos.

«Jesús nació en la familia de un artesano. Durante largos años trabajó con sus manos, y este trabajo de hijo de dios tenía un valor redentor. Unido al de cristo, nuestro trabajo tiene también un valor redentor, y en este pensamiento encontramos una alegría profunda.» (const. 68, OSsR)

Por diversas fuentes he podido saber que, hace ya muchos años e incluso siglos, las monjas de vida contemplativa no adquirían compromisos de trabajo, vivían de las dotes que las aspirantes a la vida religiosa traían, de las limosnas que les daban y de algún que otro trabajillo que las gentes de los alrededores o familiares les encargaban. Hoy no es así. Cada comunidad de monjas contemplativas tiene su trabajo fijo y comprometido.

Así, después de haber dedicado varias horas a la alabanza al Señor y a la oración personal, nos ponemos manos al trabajo. Cada hermana sabe dónde emplear sus horas de trabajo. Unas en la cocina el día que toca, ya que vamos rotando en grupos de dos; otras a la oficina a organizar los documentos, que horas más tarde gran parte de la comunidad utilizará para ultimar el trabajo; otras a las tareas domésticas… todas conscientes de que al igual que María colaboró en el plan de salvación, nosotras estamos siendo desde este “pequeño Nazaret”, hilo conductor a través del cual Dios se hace presente en nuestro mundo.

El trabajo se alterna con momentos de oración personal y comunitaria. Para ello, la campana será la que anuncie los momentos para la oración y las comidas.

Esta faceta del trabajo, es uno de los muchos medios que la contemplativa tiene para realizarse, santificarse y ser útil a la sociedad. “ORA ET LABORA” ¿Qué duda cabe? Nuestra sociedad se beneficia del trabajo de las monjas contemplativas. Por ello, se equivocan todos aquellos hermanos nuestros que piensan y creen que vivimos sin hacer nada.

Ojalá que todos nos animáramos por unir esfuerzos, trabajos y energías para construir «esos cielos nuevos y esa tierra nueva»,

haciendo una sociedad más justa y fraterna, donde el amor sea una realidad.

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FE

Jan 14, 2014 0

Muchos decimos que tenemos fe y que creemos en Dios. Sin embargo pocas veces nos hemos detenido a pensar lo que esto significa y cómo debe tocar nuestras vidas el hecho de creer.

Lo que sí es la fe:

  • Conexión con Dios:  nos unimos a Él con nuestra vida.  La Biblia nos recuerda que hay que amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas (Mateo 22, 37)
  • Conexión con la vida: una fe alejada de nuestra realidad es mentira. Hay personas que van a la Iglesia pero no cumplen la voluntad de Dios.  La fe es un pretexto, un engaño.
  • Conexión con el prójimo:  Jesús mismo dice que hay que amar al prójimo como a uno mismo (Mateo 22, 39) y el apóstol Juan nos recordará que quien dice que ama a Dios y al mismo tiempo odia a su hermano es un mentiroso (1 Juan 4, 20)
  • Conexión con la comunidad:  muchos ven más fácil creer a su  manera, alejados de otros creyentes.  Sin embargo, pertenecer a la Iglesia y vivir la fe en comunidad es lo mismo que hacía Jesús con los doce y luego ellos con otros, hasta nuestros días.  Quien se aleja de la Iglesia pierde la oportunidad de vivir la fe en una familia.

Lo que no es la fe

  • No es solamente una tradición:  repetir actos y gestos no nos hace creyentes.  A veces los padres transmiten tradiciones sin explicar el sentido de las mismas.  Hay que “vivir” lo que celebramos, comprenderlo.
  • No es solamente reunión social:  me uno a este grupo para que me vean.  Voy a la Iglesia porque ahí van todos.  Asisto a misa solamente cuando hay bodas, bautizos y funerales. Me convierto en florero, que se coloca en los eventos y desaparece el resto del tiempo.
  • No es solamente para momentos de emergencia:  gente que se recuerda de Dios únicamente en los problemas.  Hombres y mujeres que acuden a la Iglesia solo para pedir un milagro.  Se parecen a aquellos que solamente llaman o visitan a su mamá en el día de las madres o cuando tienen dificultades.

En resumen, creer no es cosa fácil.  Pero tampoco es difícil, si tengo el deseo de permanecer “conectado” a Dios en todo momento de la vida.  Mi propio corazón sabrá qué hacer para ir acercándome a Él, a su Palabra y a mi prójimo.  Acudir a la Iglesia es solamente el primer paso.

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ENCUENTRO DE LOS SUPERIORES GENERALES CON EL PAPA FRANCISCO

Jan 2, 2014 0

El P. Michael Brehl participó recientemente en la Asamblea General de la Unión de Superiores Generales. El  Papa Francisco asistió a dicha Asamblea y no se limitó a una breve charla, sino que estuvo con los Superiores Generales durante tres horas. No pronunció ningún discurso preparado con antelación, sino que tuvo una larga, fraterna y cordial entrevista en la que se admitieron preguntas y respuestas. Según informó el Jesuita, P. Antonio Spadaro, tras ser preguntado por la situación de las vocaciones, el Papa destacó que hay Iglesias jóvenes que están dando frutos vocacionales. Esto, obviamente, nos obliga a volver a repensar lainculturación del carisma. El diálogo intercultural – dijo el Papa – debe inducir a introducir en el gobierno de los Institutos religiosos miembros de las diversas culturas a fin de que ellos puedan expresar formas distintas de vivir el carisma. Al final del encuentro, el Papa Francisco anunció que el año 2015  se  dedicará a la Vida Consagrada.

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COMISIÓN PARA LA SOLIDARIDAD

Jan 2, 2014 0

A La Comisión para la Solidaridad Económica ha elaborado una serie de temas de reflexión sobre la economía solidaria en la Congregación a fin de que las comunidades puedan reflexionar sobre dicha materia el próximo año. A tales reflexiones deberán acompañar  las respuestas que se emitan a través de formularios  especiales enviados a las distintas Unidades. El P. Michael Brehl ha escrito una carta a los cohermanos haciendo la presentación de dichos temas de  reflexión propuestos por la Comisión. En su Carta, el Padre General recuerda: “Mientras celebramos el Año de la Promoción de la Vocación Misionera Redentorista, el   trabajo de la Comisión para la Solidaridad Económica nos recuerda que nuestra vocación nos llama a ser testigos y misioneros de la redención, no sólo con nuestras palabras, sino sobre todo a través de decisiones concretas y prácticas y con actuaciones en bien del entero cuerpo misionero.En este espíritu, insto a todas las comunidades a hacer frente al desafío presentado por la Comisión. Participen plenamente, por favor, en este proceso. Por supuesto, esta participación no se orienta sólo a una mayor concientización individual de los miembros, las comunidades y las Unidades – dicha participación es también una invitación  a dar respuestas que ayuden a la Comisión en su labor de preparación del Capítulo General”

LEA la Carta integra del Superior General (en varios idiomas)

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LA VIDA MISIONERA EN LAS PROVINCIAS: VIENA/ Jubileo

Jan 2, 2014 0

Los Misioneros Redentoristas de Viena han confeccionado un programa de celebraciones para el próximo año 2014 con motivo del Centenario de la proclamación de San Clemente como  Patrono de la capital de Austria, Viena. Para el mes de enero están previstos tres  eventos: para el 23, una misa en la catedral de San Esteban presidida por el Cardenal Arzobispo de Viena, ChristophSchoenborn; para el 24, la inauguración del Museo Clemente en la iglesia María am Gestade; y para el 26, una misa en la iglesia María am Gestade presidida por el Nuncio Apostólico en Austria. Posteriormente, el 15 de junio, con la presencia del Superior General, Padre MichealBrehl, tendrá lugar el “Clement City Festival”. El P. Lorenz Voith, Superior Provincial de Viena, hace el siguiente comentario en la invitación que cursa para tales eventos: “A San Clemente Hofbauer, conocido como ‘segundo fundador’ de nuestra Congregación, dirigimos nuestra mirada con gratitud  tanto por su importancia para Viena como para toda Europa. Al mismo tiempo, consideramos las tareas  y desafíos de hoy y del futuro tratando de verlo todo con el espíritu propio de nuestro santo”.

PARA LEER MÁS noticias sobre la Provincia de Viena (en alemán), visitar la web

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LA VIDA MISIONERA EN LAS PROVINCIAS: KENIA/ Labor social

Jan 2, 2014 0
El Secretariado de Solidaridad Redentoristas para África y Madagascar ha visitado dos proyectos que llevan a cabo los Redentoristas de la Misión de Kenia. El primero,  un Proyecto de Desarrollo de la Juventud en Nguruki, trata de proporcionar técnicas de adiestramiento y de capacitación profesional juntamente con tecnologías de promoción de la juventud pobre que vive en zonas rurales de la Provincia Oriental de Kenia. El segundo, un Proyecto de Desarrollo de Formación en Iruma,  se centra en facilitar a los niños desfavorecidos el acceso a una formación de calidad a través de la construcción de aulas, cocina, baños, mobiliario y remodelación de otras instalaciones escolares. Ambos proyectos están realizándose – como antes dijimos –  en la Provincia Oriental de Kenia. Los Redentoristas trabajan en esta región de Kenia desde hace más de veinte años.  Otros muchos trabajos sociales de los Redentoristas  se encuentran también en curso; consisten principalmente en la ayuda a niños pobres en edad escolar a fin de que encuentren las condiciones necesarias en orden a una educación digna así como los correspondientes medios sanitarios.  Todas estas actuaciones se llevan a cabo con el fin de alcanzar una de las metas de desarrollo para el milenio consistente en lograr la educación primaria universal.

PARA LEER MÁS (en inglés)

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